Sin título, 2008-2019, acrílico/lienzo, 38x46 cm y 46x38 cm. / FOTO: STEFANO PUSCEDDU

Confinado/ Y aun así/ Ahora mañana, es el título de la nueva exposición de Lisardo Menéndez (Mieres, Asturias, 1960); delata un espíritu poético que predispone a profundizar en una obra que va más allá de la mera apariencia de las formas. Hay algo romántico en este breve poema, en su confinamiento, un aislamiento buscado y silencioso, y en el Ahora mañana, una reflexión sobre la atemporalidad.

La serie que nos presenta es fruto de la actualización de un proyecto nacido hace una década que, desde la perspectiva actual y la experiencia adquirida, toma un nuevo sentido. El artista retoma un trabajo que tuvo su momento -obras que fueron fruto de un contexto y una biografía- interviniendo nuevamente sobre él, en la muestra hay dos pinturas de 2008, el resto han sido modificadas, actualizándolas. Despertar una pintura que durante años dormitaba en su taller ha supuesto un difícil trabajo de introspección, un trasiego que el artista ha experimentado incorporando matices que confirman el éxito de sus búsquedas.

Debemos remitirnos a “Intersección sin aliados. Mejor soledad sin pesadumbre”, título de la muestra que tuvo lugar en 2008, para rastrear los orígenes de estas pinturas que ahora contemplamos en igallery. Por aquellos años, ya la crítica especializada fue unánime al referirse a sus aportaciones plásticas, textos como “El reino del silencio” de Juan Manuel Bonet, “Geometría de la exactitud y de la levedad” de Fernando Castro Flórez o “El espacio quebrado” de Carlos Delgado son prueba de ello pero, de especial interés, han sido las indagaciones en torno a su trabajo del crítico asturiano Rubén Suárez, gran conocedor de la trayectoria de Lisardo y en cuyo análisis pronostica un desarrollo pictórico personalísimo cimentado en una sólida base neo-geométrica: “estamos ante una mirada aparentemente fría en el análisis plástico de formas, colores y estructuras de la obra, que es de admirable precisión, pero también una dimensión existencial humanamente sentida”; afirmación con la que advertimos un proceso de despojamiento de lo formal y lo cromático, un acercamiento a una pintura esencialista, que procede de sus especulaciones conceptuales, su sensibilidad poética y su convencimiento de que el arte es uno de los recursos propiciatorios para el autoconocimiento y la espiritualidad.

Las obras que ahora nos ofrece favorecen una íntima contemplación; nos atraen por la perfecta armonía entre el rigor de las formas y una cierta emanación sensorial -de difícil definición- pero que permite, de alguna manera, trascender a los pensamientos y emociones de su creador. El carácter holístico que desprenden, procede del equilibrio entre la tridimensionalidad óptica de las figuras geometrías de raíz constructivista y una superficie de apariencia bidimensional pero de compleja configuración, que subraya el planismo del soporte. El rigor constructivo se ve aplacado por la presencia, leve pero corpórea, del entramado pictórico de la materia. Superficie y espacio son percibidos simultáneamente, y a la vez, en una manifestación del vacío en su plenitud, en él se inscriben configuraciones geométricamente puras y definidas en superficie pero que en el fondo, se funden hasta el extremo de su desnaturalización.

Sus propuestas siempre se han analizado desde parámetros que fluctúan entre el constructivismo y el suprematismo, incluso desde el minimalismo, al menos, como referentes lejanos. Sin embargo, se advierte en él un alejamiento de esos cánones, mostrando resonancias estéticas muy profundas, intelectuales y emocionales, alejadas de la sobriedad de esas corrientes históricas.

Las formas geométricas surgen de un entrecruzamiento depurado de líneas que se superponen a un universo en expansión, un espacio sin más límite que el propio formato del cuadro. La geometría, las tramas y el color se imbrican con un objetivo primigenio: acercarnos al ámbito de lo sublime, entendido desde su literalidad romántica. La forma es concebida por Lisardo como médium, como transmisora de conceptos y emociones. Las especulaciones intelectuales del artista están ahí, pero también sus sentimientos. La forma ofrece la posibilidad de sentir los complejos engranajes de la creación, las tensiones, las interrelaciones, las imbricaciones, todo lo que trasciende más allá de la apariencia. En este sentido considero oportuna la reflexión de Michael Fried a propósito de “la figura como tal” expresión que no alude simplemente a la silueta del soporte -a lo que llama figura literal– ni tampoco a la del contorno de los elementos que aparecen en un cuadro determinado -a lo que denomina figura depictada-, sino a la forma como configuración de una idea, de una emoción o, más aun, como plasmación de una necesidad.

Sin título, 2008, acrílico/lienzo, 100×81 cm. / FOTO: STEFANO PUSCEDDU

 

Si existe un concepto que define la propuesta de Lisardo, ese es transgeometría; término usado por Pablo Palazuelo para referirse al encuentro entre razón y emoción, a las configuraciones “de algo” que está más allá de ellas mismas y que gracias a ellas se manifiesta. Ambos hacen uso de la geometría porque saben que en ella se encuentra la esencia de las cosas, base de la vida, pudiendo llegar a desvelar las verdades del universo oculto.

Las configuraciones geométricas presentes en esta exposición, desde sus múltiples posibilidades combinatorias, son una poética abierta hacia la diferencia, llevando al límite el carácter restrictivo y normativo de las formas y la retícula, para reflexionar sobre ella como paradójico espacio de libertad. Con apariencia de pintura sistemática, término utilizado por Simón Marchán, el color blanco es territorio de Lisardo en sus múltiples y sutiles matices, el que crea entidades pictóricas muy personales y a la vez, cada obra se apoya en la monocromía del rojo perfectamente delimitado y absolutamente plano, que se articula como módulos geométricos con un gran potencial secuencial. La sistematización se sostiene en el principio de repetición de la relación de concordancia entre los distintos elementos que lo constituyen.

He profundizado en su manera de entender la creación, recurre a la expresión cuasi-objetos, para referirse a sus pinturas, porque el artista debe desligar la obra de la representación objetiva para llegar a una relación íntima con ella, desligándola de la mera funcionalidad. Las formas geométricas son estructuras en desarrollo que se desenvuelven en una acotación intelectual preestablecida.

Otro de los estímulos de la creación plástica de Lisardo se encuentra en la reflexión sobre el paso del tiempo. El Ahora mañana del título de la muestra, plantea cómo los instantes de la vida, del pasado y del presente, se pueden llegar a fundir mostrando una pintura que “existe” en un espacio delimitado tan sólo por los propios límites del soporte, las construcciones están dentro de la forma y es ella la que constituye la materia y trata, también, de materializar el pensamiento.

Si uno de los propósitos del arte es hacer visible lo invisible, para ver cosas que sólo son conocidas desde la mente, Lisardo nos propone este camino, el fin de su pintura no es describir, es sentir, acercándose a los presupuestos de aquellos artistas que reconocen que el auténtico valor del arte reside en su capacidad para contrarrestar pensamientos y emociones negativas, para crear orden ante el caos y aportar solidez en un mundo de cambios impredecibles pero, sobre todo, como afirmaba también Agnes Martín, la pintora de la melancólica perfección: “el valor de la pintura se encuentra en quien la contempla porque, cuando descubrimos sus valores profundos y trascendentes, realmente, nos estamos descubriendo nosotros mismos”.

Lisardo. «2008/ Confinado/ Y aun así/ Ahora mañana»
Hasta el 20 de septiembre de 2019
igallery Ctra. Andratx, 12, 07181 Cas Català (Calvia), Illes Balears


Santiago Martínez
 es profesor de Historia del Arte
saguazo@yahoo.es