Cuando supimos que Bertrand Bonello vendría al Festival de Cine de Gijón para presentar «Zombie Child» tuvimos claro que sería protagonista de uno de los últimos 8 1/2 del año. Era un reto complicado porque el director solo iba a mantener tres encuentros con los medios de comunicación. Pero el reto fue superado.

Bonello volvía a Gijón casi una década después de que fuera merecedor de una necesaria retrospectiva, porque sus películas no se habían estrenado en España. Las pantallas proyectaron, entre otras, «Le pornographe», centrada en un personaje desubicado y aislado del mundo en el que vive, «Tiresia», en la que aislamiento masculino es voluntario y «L´Apollonide» que apela a la poesía de los sentidos en un prostíbulo de entre siglos.

Luego llegaron «Saint Laurent», biografía del modisto francés llena de energía y color, «Nocturama» una propuesta para hablar de terrorismo más allá de la provocación y el cortometraje «Sara Winchester» en el que el misterio y lo fantasmagórico parecen adelantar la estructura de su nueva película. Algo que, en el fondo, forma parte de su apuesta visual pues reivindica que «el cine también está hecho para convocar espíritus». Unos entes que se filtran en dos historias, en dos épocas diferentes y dos estilos diferenciados. Por un lado recrea la aparente muerte por un consumo tóxico de Clairvius Narcisus, un haitiano que se transforma en un zombi al que convierten en esclavo de una plantación de azúcar. Y de otro, una historia ficcionada sobre una supuesta nieta de Narcisus que estudia en un elitista colegio de chicas en París. Las dos historias se entrecruzan y confrontan en el tiempo y en el espacio, el Haití de los años sesenta del siglo pasado y la Francia contemporánea, la metrópoli y la colonia, las jóvenes parlanchinas y el adulto silencioso.

La propuesta de Bonello termina conformando una mixtura de elementos en los que aparecen algunas novedades, más evidentes en el proceso técnico. Tal parece que busca la inmediatez en la producción y menos presupuesto. Y por primera vez rueda en un territorio que no conoce. Pero quienes hayan seguido su trayectoria profesional no deben preocuparse por un cambio radical, porque nadie como Bonello es capaz de rodar a un grupo de mujeres encerradas en cuatro paredes. El director sigue ubicando los personajes en espacios y tiempos inesperados, en un equilibrio inusual entre lo novedoso y lo evidente. Confronta la sociedad neocolonial con la oprimida, presentando el mundo desde posturas enfrentadas.

Y claro, en «Zombie Child» aparece de nuevo el otro Bonello, el músico en su doble faceta como compositor y como compilador. La banda sonora está compuesta por él, en un inquietante ritmo instrumental que tiende, poco a poco, hacia ambientes electrónicos. Y selecciona cuatro canciones ajenas que resumen la película. Hay una canción de la cantante Moonlight Benjamin, «una Janes Joplin caribeña que mezcla las melodías y ritmos del vudú caribeño con el blues rock norteamericano de los años70». Otra está compuesta por Damso, compositor urbano de rap, belgocongolés, muy conocido en Francia desde hace tres años. Y las otras dos son más antiguas. «Les corons» es una composición de Pierre Bachelet que describe la dura vida de los mineros de Nord Pas de Calais y que vemos en pantalla en formato karaoke cantada por las pijas adolescentes del internado, en un evidente apropiacionismo cultural. «You´ll never walk alone» versionada por Gerry and The Pacement en los años 60, es la canción que cierra la película y que da la clave final de la película «cuando camines por una tormenta, mantén la cabeza bien alta y no tengas miedo a la oscuridad».

Escuchen en solitario este 8 1/2 si manejan con soltura la lengua de Flauvert o busquen a la persona más afrancesada de su entorno, porque el encuentro va en versión original.

Escuchar la charla entre Bertrand Bonello y José Antonio Vega en Mixcloud

Jose Antonio Vega es colaborador de laEscena
@joseanvega64