FOTO: FESTIVAL DE SEVILLA

Un 8 ½ extraluxe que llega a los 18 minutos. No era forma de interrumpir al político, al cineasta, al productor, a la persona que lleva más de cinco décadas comprometido con el proceso creativo usado como una herramienta de denuncia política. Pere Portabella se formó en las vanguardias artísticas y llegó al cine a través de ellas ya que Antonio Saura le habló de los problemas que su hermano Carlos tenía para sacar adelante “Los Golfos”. Portabella se sumó a la producción porque pensaba que le serviría como impugnación al sistema. Así arranca un itinerario profesional en el que los encuentros casuales son determinantes, como el día que se tropezó con Luis Buñuel en un ascensor en Cannes. Eso le lleva a producir “Viridiana” con la premisa de que fuera una bomba. Y menuda explosión produjo en 1961, ya que se llevó premio en el Festival francés y trajo consigo un escándalo de dimensiones bíblicas en España.

Portabella dejó de producir, obligado por el régimen franquista, y se centra en el proceso creativo donde busca un contacto constante con otras disciplinas artísticas, “en busca de un espacio permeable, en el que rompo los códigos decimonónicos aristotélicos porque el cine no es un lugar sino un espacio, un territorio de las ideas”. Y así nacen tres proyectos “Nocturno 29” (1968), “Vampir Cuadecuc” (¡970) y “Umbracle” (1972) con escaso éxito comercial, pero un reconocimiento unánime de la crítica internacional.

Llega el tiempo de la transición y Portabella pasa a la política activa. En 1977 es elegido senador, participando activamente en la comisión para la redacción de la actual Constitución. Luego fue elegido diputado en el Parlamento catalán. Piensa que ese paréntesis fue “extraordinario, una experiencia fantástica” que no le provocó nostalgia, algo evidente en alguien que se ha definido como no nostálgico.

Una vez cerrado el ciclo político vuelve a la creación artística y en el año 2007 realiza la película “El silencio antes de Bach”, seleccionada en la sección Orizzonti del Festival de Venecia y se lleva el premio especial del jurado en el Festival de Cine de Gijón. Un año después rueda “Mudanza” su última película, centrada en “la sustración, la ausencia, porque la única manera de encontrar la ausencia es el vacío”. Y lo hace visible con el desmantelamiento de la casa natal de Federico García Lorca.

Ese itinerario es merecedor del Giraldillo de Honor, primer reconocimiento de un Festival Internacional de Cine y está más que justificado por tomar una posición en el espacio y en el tiempo, una posición de resistencia que contextualiza lo que nos rodea. Reclama que la cultura “debe recuperar la dimensión política,   es fundamental, la cultura es el espacio donde nos reconocemos y es la que más se cuestiona”. Si tuviera que quedarse con una definición, asume como suya la que dice que “el artista es alguien muy comprometido con lo que hace, lo comparte, no pide nada a cambio y no presume, eso es lo que le hace pervivir”. Y es algo que reconocen las personas que han visto sus creaciones, “usuarios, que no espectadores porque ahora todo tiene un carácter efímero”.

Y si en algo no ha cambiado Pere Portabella es en ayudar a quienes se acercan a consultarle, “yo quiero ser útil para que comprendan que el espacio está por encima de las personas”. Y esos consejos se los ha dado a cineastas como José Luis Guerín y Albert Serra. Escúchenlo con atención y visualicen sus palabras. Comprobarán que se convierten en un “Informe General” que vascula entre el documento y la metáfora. Todo un lujo para los tiempos de mudanza social en los que vivimos

Escuchar la charla entre Pere Portabella y José Antonio Vega en Mixcloud

Jose Antonio Vega es colaborador de laEscena
@joseanvega64