Salvador Sobral presentando su nuevo trabajo discográfico en la Casa da Música de Oporto

Menos mal que nos queda Portugal. Así que “se um dia alguém perguntar por mim”, le dirán con seguridad que estoy en alguna ciudad lusa disfrutando de la constante y selecta programación musical, más allá de un buen bacalhau à brás, unos pasteis de nata o un copo de Porto. En esta ocasión, tres fantásticos conciertos en tres emblemáticos espacios.

Primera parada. No solo Eurovisión. Salvador Sobral actuó en la Casa da Música de Oporto con las entradas agotadas desde hace meses. El auditorio principal del emblemático edificio, diseñado por el arquitecto holandés Rem Koolhaas, no paró de aplaudir y silbar la propuesta sonora, resultado de los viajes e influencias que el cantante recibió de sus inspiraciones musicales, que parten, eso sí, del jazz. Desde el minuto uno quedó claro que Sobral no es un cantante, es todo un showman capaz de imitar a Alejandro Sanz, recitar un poema de Fernando Pessoa o reivindicar la música en directo porque “donde soy verdaderamente feliz es aquí”, dijo refiriéndose al escenario. El concierto arrancó con “Excuse me” la canción que da título al disco y osciló entre el jazz clásico y la bossa nova, pasando por baladas y swing, incluso con algunas escapadas al soul. Sobral integró esas variedades con equilibrio y se comunicó con los músicos en un diálogo vivo y constante. Por eso, es necesario destacar el compacto trabajo de la banda que le acompañaba, compuesta por Júlio Resende al piano, André Rosinha al contrabajo y Bruno Pedroso en la batería.

En su batidora sonora entraron Chet Baker, Billie Holiday, Caetano Veloso o Maria Rita para destilar un cóctel con su propia personalidad musical con matices trabajados y una claridad sorprendente, adaptándose a los estilos, pero siempre manteniendo su firma personal inconfundible. Un ejemplo claro que se evidencia al oír el bolero “Ay amor”, cantado en un perfecto español, fruto de sus estancias en Mallorca y Barcelona. Poco a poco fueron cayendo canciones como “Autumn in New York”, “Ready for love again”, “Glow” o “Somenthing Real” que emocionaron por su pureza, magia y sentimiento.

Y casi dos horas después llegó “Amar pelos dois”, que Salvador anuncia como “nuestro momento, porque ya no es un momento que me pertenece, pertenece a todos nosotros. La canción, compuesta por su hermana Luisa y ganadora de Eurovisión, se ha convertido ya en himno extraoficial del país vecino, a tenor con el que todo el auditorio levantado cantó emocionado   “o meu coração pode amar pelos dois”. Con lógica, las lágrimas afloraron por doquier.

Antonio Zambujo en concierto en el Teatro Coliseu de Lisboa

 

Segunda parada. No solo Fado. Algo que sabe muy bien Antonio Zambujo, ya que su último disco es un homenaje al cantante brasileño Chico Buarque. El cantante alentejano presentó “Até pensei que fosse minha” en el Teatro Coliseu de Lisboa donde grabó en 2015 el disco “Lisboa 22.38” tras la cancelación del concierto de junio por el fallecimiento de su padre.

Zambujo considerado por muchos como el gran renovador del fado y la música portuguesa en general, lleva unos años en un excelente momento de forma, con un dominio total colocando la voz al servicio de las canciones. En sus discos siempre se ha dejado sentir la influencia de la música brasileña, así que no resulta extraño que haya rendido homenaje a Chico Buarque, uno de los músicos que más admira.

En esta ocasión estaba acompañado por Marcello Gonçalves, genial ejecutante de guitarra de siete cordas que ejerce además como director musical del proyecto, Bernardo Couto con guitarra portuguesa, José Miguel Conde con clarinete, João Moreira con trompeta y Ricardo Cruz al contrabajo.

En la gira, que se cerraba en Lisboa, las canciones ganaron nueva vida, ofreciendo una visión muy personal de la obra de Chico. Su voz, de afinación perfecta, tiene una apabullante seducción que se reflejó en canciones como “Joao e María”, “Cecilia”, “Folhetin” o “Meu amor”. El público, que abarrotaba el centenario edificio de arquitectura de hierro, aplaudió constantemente la identidad de Zambujo, más allá de su gran voz y virtuosismo. El escenario, decorado como el acogedor salón de una casa actual, invitaba a la intimidad y el ritmo tranquilo, haciendo bueno el mantra que el cantante reivindica desde hace años, “la prisa es enemiga de la perfección”.

El poder emocional de su garganta sedujo a los espectadores durante los 70 minutos del set, centrados en las canciones de Buarque. Quienes esperaban algún guiño hacia su trayectoria anterior con éxitos como “Flagrante” o “Pica do 7” tendrán que esperar. Pero haga lo que haga, “la música de Zambujo estremece” como decía Caetano Veloso en el año 2008. Corroborado.

Gisela João durante su actuación en el auditorio de la Fundación Gulbeinkian de Lisboa

 

Tercera parada. No solo clásico. Gisela João cerró la temporada de verano de la Fundación Gulbeinkian con un concierto en su auditorio de Lisboa Considerada como el nuevo icono del fado, Gisela João resucita la vibración intensa y la melancolía del alma portuguesa y plantea una pasión que se intuía desaparecida.

Con las entradas agotadas en media hora, presentó una actuación contemporánea, sin desvíos ni artificios, que parte de una formación tradicional y se sumerge en sus inicios, reencontrándose con su autenticidad, pero cuestionando a la vez sus excesos y manierismos, que terminan por convertirse en algo increíblemente genuino. Rompiendo el tópico de las cantantes femeninas, se presentó en escena dura, fuerte, poderosa y convincente. Sus fados fueron interpretados con voz clara y bien modulada y con un carácter, jugando al equilibrio entre versos y espacios melódicos.

El concierto terminó siendo un velado homenaje a sus grandes referencias musicales, desde Amalia Rodrigues, a Beatriz de la Concepción, Argentina Santos o Carlota. Y en estas referencias tiene hueco la música en castellano, ya que se crió cerca de la frontera, así que presentó la versión de “Llorona” de Chavela Vargas en nuestro propio idioma.

Acompañada por Ricardo Parreira (guitarra portuguesa), Francisco Gaspar (guitarra baixo) y Nelson Aleixo (viola), Gisela fue deshojando los temas con intensidad y emoción, sin esconder su increíble capacidad vocal. En la primera parte destacó la interpretación fadista de “El Señor Extraterrestre”, un atípico y divertido tema, escrito por Carlos Paião y grabado por Amália Rodrigues. La presente gira revela la clara conexión con Amalia como quedó demostrado en uno de los momentos más ovacionados ocurrió cuando Gisela cantó “Meu amigo está longe” o “Deus me perdone”. Pero Gisela también reivindica los tiempos modernos y da voz a las palabras de algunos poetas de la actualidad como el rapero Capicua o la poetisa Ana Sofia Paiva.

Jose Antonio Vega es colaborador de laEscena
@joseanvega64