Fotograma de "Ausencia", película experimental de Jaime Rodríguez qué se puede contemplar en su exposición actual NEGACIÓN, en el CMAE de Avilés

“No se obran milagros en el mundo, lo único que no comprendo es la muerte, ese engullimiento en un abismo sombrío y denso donde se pierden los sentimientos y la conciencia. ¿Acaso es un milagro?, no, es poco probable, es metafísica”.
Escritos de juventud, Andrei Tarkovski

La clave de todo está en Ausencia, película experimental creada por Jaime Rodríguez entre noviembre de 2013 y mayo del 2014. A partir de ella van cobrando vida propia las obras generadas después y que se presentan ahora en el CMAE. Reflexiones y comentarios de sus protagonistas, diálogos e imágenes se funden y están en el origen de sus series más recientes: Negación y Resignación.

La pieza se articula en torno a dos experiencias de la vida: el sexo y la muerte. Distintas personas son interrogadas y plantean en voz alta sus pensamientos, dialogando en puntuales encuentros, intentando explicarse en estas dos verdades, tan reales como difíciles de comprender, recordándonos que cuestiones esenciales de la vida se convierten en grandes tabúes. Como comenta el artista, ante esta encrucijada, sólo nos quedan dos alternativas: la negación o la resignación.

Las auténticas verdades de la vida se construyen a través de la comunicación, con el diálogo y, para ello, la vía de la creación plástica es uno de los mejores instrumentos. Sí, el diálogo es clave en la supervivencia, y el arte nos ayuda a desentrañar algunos de sus misterios. Cuando el ser humano permanece en su aislamiento, se ve dominado por la subjetividad emocional, válida para uno mismo, y poco más. Las interconexiones entre disciplinas artísticas forman parte de ese diálogo que, desde siempre, han estado presentes en sus proyectos y, lo mismo que un collage se construye con imágenes de distinta procedencia así todo fluye en esta obra a través de fragmentos de realidad recreada.

Nuestro artista sabe desencadenar estímulos que nos implican convirtiéndonos en protagonistas, partícipes y cómplices de su creación; al inicio de la película aparece sobreimpreso: “La ausencia arbitraria de reglas puede crear composiciones sugestivas que, de otro modo, serían imposibles”. Desde la subjetividad nace un impulso universal que nos arrastra hacia lo esencialmente humano y no desde un pensamiento racional o científico. Ese infinito y profundo secreto que constituye el corazón humano, sólo se puede aprehender a partir de imágenes vivas, y no de fríos razonamientos, trascendiendo a los grandes enigmas de la existencia.

Estos recursos se mezclan con otros de origen incierto, muchos proceden de las artes plásticas, de sus collages, ensamblajes e instalaciones, otros de su especial sensibilidad hacia la música y que, en esta ocasión, acentúa el discurso y refuerza la imagen. Los ritmos encuentran su complemento en desencuadres, desenfoques, contrapicados y puntos de vista forzados. Existe una total coherencia dentro de esa “ausencia arbitraria de reglas”; en este sentido el ritmo de las imágenes, la música y ciertas hipérboles sonoras o visuales que aumentan o disminuyen repetitivamente, juegan un papel importante. La música experimental y ambiental de Chris Silver T, sus “psicodélicos recuerdos de lugares que uno visita en sueños” y de Adam Mankowski, con su genial fusión de música clásica, electroacústica y electrónica digital, que se ve enriquecida por el apropiacionismo de imágenes pertenecientes a Kart Kren, cineasta austriaco que bebe de algunos referentes del arte de acción vienés como Otto Mühl o Günter Brus, con los que Jaime Rodríguez también ha experimentado en su manera de profundizar en el mundo perfomático recurriendo al propio cuerpo como soporte de la creación.

 

Las motivaciones del artista se traducen en ritmos sorprendentes, en los que la presión del tiempo se advierte en la duración de cada plano, en su fluidez o fragmentación. Los fundidos a negro son momentos de introspección que acarrean una especie de mutación en el espectador y gracias al ritmo de imagen y sonido, lo mantienen atrapado sintiéndose participe o identificado con las situaciones. El mundo interior de Jaime Rodríguez, sus inquietudes y obsesiones, sus sentimientos respecto a la realidad, se comunican a través del montaje que va encadenando estados frenéticos y retardados, suavizados en cada instante. En su carácter narrativo, la palabra es asumida como propia para transmitir el entramado emocional que se encuentra en cada individuo, en cada secuencia, o en cada plano. El montaje se podría entender como un assemblage, capaz de fundir ámbitos distintos de la creación. Es un collage en el que trama literaria y espacio escénico se funden en unas secuencias que se mueven entre la figuración y la abstracción y se ven potenciadas por distintos tipos de sonidos -la voz, la música o el ruido- para encontrarse todo ello en la fisicidad y en la desmaterialización de cuerpos velados. Es la mirada, el rostro, el cuerpo lo que arrastra, estira o comprime cada secuencia en un imposible intento de asir el tiempo.

Ausencia no da respuestas, plantea interrogantes: “Supongamos que nada es realmente como lo percibimos desde cerca, supongamos que nada es de cerca ni siquiera como lo percibimos, supongamos que todo puede cambiarse desde nuestra imaginación, (…) Ahora, imagina que no supones, imagina que no percibes, imagina que no imaginas” (28:35/29:19)

Tras visualizar la película advierto hasta qué punto el autor ha sido transparente a través de los actores, planteando interrogantes al espectador, sus motivaciones se pueden sentir en los estados de ánimo de los protagonistas, se produce una amalgama de percepciones que fácilmente identificamos y compartimos, pues su verdad y sinceridad son contagiosas. En conjunto, la obra provoca cierto desasosiego y también favorece una especie de catarsis desde la normalidad y naturalidad que nos permiten entrar en su intimidad liberando su tensión emocional, purificándola.

Es posible que en Ausencia, Jaime Rodríguez este escudriñando la necesidad de encontrar su propio camino, sus propias respuestas; el sexo y la muerte seguirán siendo base para la existencia, necesarios como lo que nos hace vivir y lo que nos destruye.

Ausencia es una película experimental de Jaime Rodríguez que se puede contemplar en la exposición NEGACIÓN en el CMAE, Avilés

Colaboraciones en “Ausencia”: Pelayo Campa, Sandra Estrada, Manu Lobo, César Naves, Tamara Norniella, Marta Rguez y Ricardo Rivera Domingo; sonido: Chris Silver T aka Nos Project, Otorragie y Sylphides; apropiación in memoria, 85 foot, Age shoot by Kurt Kren (1929/1998).

Exposición NEGACIÓN
CMAE, Centro Municipal de Arte y Exposiciones
Calle Llano Ponte 49, Avilés.
Hasta el 31 de agosto
Más información sobre el artista

Santiago Martínez es profesor de Historia del Arte
saguazo@yahoo.es