Compasión y protesta > nobody's diary. Grafito, carbón y bordado sobre papel artesanal. 23x23 cm. / 2017-18

Casi nadie escribe diarios, y, sin embargo, nos inundan los diarios de nadie.
Todo es un diario de nada, todo es un diario de nadie.

Es un hecho, estamos acostumbrados a lo dulce, a lo desdibujado, a lo filtrado. Lo directo, no pocas veces, hiere. Es demasiado. Se abre paso hasta el epicentro de nosotros mismos y de eso no podemos deshacernos con facilidad. Diario de nadie, de Jaime Rodríguez (Oviedo, 1968), es un conjunto de obras que nos confrontan con temas por los que solemos preferir pasar de puntillas. Estas entablan, entre sí y con nosotros, un diálogo agudo.

Las piezas que conforman Diario de nadie emergen de una misma matriz: un antiguo copiador de cartas. En él, página tras página se suceden los trazos de  una narración continua anudada a las inquietudes, modos y maneras de hacer de este artista. Este núcleo, conceptual y objetual, no es anecdótico pues remite al modo en el que Jaime siente, piensa y trabaja. La dimensión física de este diario-matriz se expresa a lo largo y ancho de sus delicadas y finas páginas. Etéreas, frágiles, resilentes. Es una realidad resignificada, un palipsesto. Como siempre, el imaginario creativo de Jaime Rodríguez emana sinceridad transformando sus pequeños formatos en grandes piezas. Contundentes y rotundas.

Es evidente que un diario –entre otras tantas cosas— son pulsiones, son emociones, es intelecto. Es una actividad registrada que deja ver conexiones, desconexiones y vacíos. Un diario son reflexiones que conducen a otras reflexiones, es el desarrollo mismo de los pensamientos que se estratifican y entrelazan con estímulos de toda naturaleza. Muestra las transformaciones, evidencia los cambios voluntarios, conscientes, inconscientes y subconscientes. No se puede negar que hay una belleza profunda en el hecho de tomar papel y lápiz para explorar el abismo interior con la necesidad, y con la intención, de llevarlo, después, a un plano de realidad diferente al de su estadio germinal.

Es exactamente esa belleza la que está presente en la actividad artística de Jaime Rodríguez y se manifiesta cada uno de sus movimientos en la plástica. La riqueza material y discursiva planteada por Jaime en Diario de nadie aporta algunas pistas de su amplio bagaje en campos como el dibujo, la pintura, la obra gráfica, el videoarte y la performance. Los recursos y matices de estos lenguajes han determinado un cosmos visual íntimo y amplio en el que se desarrollan certeros análisis sobre nuestra existencia como individuos en una sociedad que evoluciona e involuciona, que está en continuo cambio pero también permanece inmóvil.

Jaime nos empuja a las muchas preguntas, y alguna que otra respuesta, de nuestras experiencias vitales a través de los espacios y de los tiempos. Los espacios y los tiempos psicológicos, culturales y sociales. Sus historias gravitan en torno a la necesidad de comprender y, a través del entendimiento, generar ruptura y liberación. Todo es un diario de todo, todo es un diario de nada. Un Diario de nadie.

La identidad visual contenida de la matriz-diario es científica. Onírica. Inquietante y poco complaciente. Y desde ese núcleo hasta cada obra, Jaime traslada centímetros cuadrados de distopía determinada por un trazo continuo que genera imágenes superpuestas y cambiantes. Los elementos que las componen forman parte de una iconografía en la que el carbón, la creta, el lápiz, el papel, el hilo y la animación conforman una mixtura expresiva delicada. Extraordinaria en su sensibilidad. Opera como una fractura, como una punción. Es una incisión. Una brecha. Un canal abierto desde lo físico hasta lo psicológico.

Con su característica inteligencia holística Jaime integra lo personal y lo universal. Diario de nadie –Diario de todos— nos empuja a pensar en nuestra forma de vivir en nuestro entorno. De ser en nuestro contexto. Esa ida y vuelta interminable en la manera en la que este nos determina y que, a su vez, nosotros configuramos y cambiamos. El poder y sus estructuras, el peso aplastante de los modelos económicos o el cambio tecnológico están presentes en sus piezas. La intensa experiencia del amor y de los afectos, su capacidad destructora, la devastación del desengaño. El control y la libertad, desde un punto de vista prácticamente histórico, asoman también en su narrativa visual. Y es que Jaime nos invita a analizar los límites de nuestra capacidad para observar y advertir la fragilidad de la verdad de los paradigmas. De lo absoluto hacia lo relativo. Lo que ayer fue y hoy no es. Lo que hoy está y mañana, tal vez, carezca de sentido. Diario de nadie nos obliga, por un momento, a reconocernos en las intersecciones de las posibilidades  múltiples de lo que somos, fuimos y seremos desde lo biológico hasta lo social, de lo psicológico a lo cultural.

Es todo es un diario de nada, todo es un diario de nadie?

“Diario de nadie”, Jaime Rodríguez
Galería Octógono, C/ Rivero 46, Avilés
Hasta el 30 de Junio
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Texto de Ana González