Noches de viernes.
Locales abarrotados,
abundante alcohol
y poca luz.
Los despreocupados años 90.
En el epicentro de todo,
la búsqueda.
Todas las búsquedas:
no hace falta enumerarlas.
La noche se confundía
con el empeño.
Las mañanas eran
para dormir,
aunque no dormíamos mucho.
Por las tardes,
pirábamos clase y
escribíamos.
Íbamos mucho al cine.
Todo era alegre
porque nada nos desvelaba.
Supongo que la juventud
se trata de ese periodo en el
que piensas que esos años
van a durar toda la vida.
Y regresaban los fines de semana.
Y la voz de Dolores O’Riordan,
rebelde y poderosa,
en aquellas noches,
nos hacía sentir
que los finales eran
por completo ajenos a nosotros.
Tan rebeldes y poderosos
como la propia voz de Dolores.
Desde aquella dimensión:
tan ingenua, tan perversa.
Aún sin descifrar
la magnitud del silencio.

Ovidio Parades es escritor
@ovidioparades