Es simple: no ha sabido lo que había que saber. No ha sido contemporáneo. No es contemporáneo, no lo será nunca. Los trenes, las trampas, la intemperie y el trasiego.

La prensa diaria habla de todo menos del día a día. Las mismas habilidades que se necesitan para escribir se necesitan para leer. Los escritores fallan a los lectores, pero también ocurre al revés y los lectores les fallan a los escritores cuando sólo buscan en éstos la confirmación de que el mundo es como lo ven ellos. Lo real en lo escrito es lo escrito. Eso es la escritura: una sombra de la nada, una sombra de nuestra esencial carencia. Cierta belleza.

Todo consiste en saber por qué no se es Borges.

La manera de conservar nuestro territorio no es darnos por vencidos… sino tratar de escribir libros que sean relevantes.

Willie era un viajante, y para un viajante la vida no tiene fondo. Es un hombre que no pone tuercas en los tornillos, que no te informa sobre las leyes ni te receta medicinas. Es un hombre que va solo por la vida, sin más recursos que una sonrisa y unos zapatos bien limpios. Y cuando empieza a fallar la reacción a sus sonrisas…, sobreviene un terremoto. Entonces le aparecen un par de manchas en el sombrero, y está acabado. Nadie puede culpar a ese hombre. Un viajante tiene que soñar, muchacho. Es un gaje del oficio.

Han escrito este fragmento de mi autobiografía: Alan Pauls (“Historia del llanto”), Benito del Pliego (“Merma”), George Perec (“Lo infraordinario”), Enrique Vila-Matas (“Dublinesca”), Ray Loriga (“Sombrero y Missisipi”), Moisés Mori (“Escenas de la vida de Annie Ernaux”), Eduardo Milán (“Habla”), Jonathan Franzen, Arthur Miller (“Muerte de un viajante”).

Fernando Menéndez es escritor
@Fercantona