Carlos Sierra ante "Edificio en construcción", sala 24, Museo de Bellas Artes de Asturias / FOTO: MÓNICA DE JUAN

Un solar casi vacío, un hueco entre medianeras desde un punto de vista muy elevado, perspectiva en picado que permite contemplar los cimientos de una edificación futura. Hay incipientes pilares y material de construcción acechando los restos del pasado, viejas vigas, improntas de azulejos y papeles pintados rasgados, que nos recuerdan un mundo que se desvanece.

El cuadro Edificio en construcción de 1976 (imagen 1), es una de las mejores obras que Carlos Sierra (Lieres, 1943) creó por aquellos años, lo realizó en su estudio de la calle Fruela de Oviedo, desde donde observaba el proceso de reedificación de un solar cercano. El resultado es fruto de sus múltiples experiencias e indagaciones de aquel momento, evidencia su inclinación natural hacia un realismo que ha actuado como carta de presentación del artista; la expresión “realismo mágico” también está asociada a su trabajo, como lo está su interés por otras corrientes estéticas -aparentemente antagónicas- que consigue en sus obras que sean complementarias, así ocurre con su atracción por un estilo de pintura abstracta norteamericana que fluctúa entre la angustia existencial de Jackson Pollock y la vertiente, más universalista, de Mark Tobey y Franz Kline, sin olvidarnos de las referencias, lejanas pero existentes, a la abstracción geométrica y al informalismo matérico, especialmente con Jean Fautrier, artista que desde siempre ha admirado por esa manera personal de condensar la materia.

Es un cuadro que parece servir a Carlos Sierra en la creación de “una breve historia de la pintura”, se mueve entre el hiperrealismo del conjunto y una cierta plasticidad abstracta del caos presente en cada uno de los retales/fragmentos de pared (imágenes 3-5); cada elemento tiene su importancia, pero el “todo” prima sobre las partes, se unifica a través de un óleo al que ha incorporado polvo de arena que evita la untuosidad y el brillo que caracterizan esa técnica y acentúa la atmósfera envolvente, áspera y decadente que domina el conjunto.

Esa misma pluralidad de estilos que convergen en la obra es transferible a sus significados, a las múltiples lecturas que contiene, a lo caduco y perecedero de los restos que se desprenden de las paredes, pero también al nacimiento, a un futuro que auguran los pilares, soportes de lo que va a ser o suceder. En primer plano, vallas, carretillos, tablones y hormigonera -que parecen representados a manera de naturaleza muerta (imágenes 7-8)-, nos acercan a la obra, son asideros para el espectador, aportan proporción, escala y familiaridad, introduciéndonos en ese gran vacío. A partir de este primer plano la singular fuga se abre a un mundo de contemplación, rompe con la perspectiva tradicional, nos acerca a otras maneras de mirar, próximas a la estética oriental que tanto admira Sierra: desde la detallada inmensidad de los paisajes de Zahng Daqian, ligados a los principios taoístas, hasta los provocadores planos, encuadres y diagonales compositivas de Nagisa Oshima en El Imperio de los sentidos, a los que el cineasta japonés recurrió para enfatizar el lenguaje dramático que se respira en muchas escenas de sus películas. Todo ello tiene su traducción en Carlos Sierra, pero más que en una manera de pintar, en una manera de sentir.

Imagen 1. “Edificio en construcción”, óleo sobre lienzo, 153×152,7 cm., 1976, sala 24, Museo de Bellas Artes de Asturias / FOTO: MÓNICA DE JUAN

 

Edificio en construcción es una obra perfectamente estructurada cuyo contenido se podría desgajar símbolo a símbolo y, así como en otros pintores la composición plástica, la estructura interna de la obra, está íntimamente ligada a la armonía musical -como Paul Kleeutilizando recursos como el esquematismo y la abstracción, en Carlos Sierra el hilo conductor de esa estructura y sus múltiples lecturas está en su peculiar realismo. También sería interesante profundizar más en las conexiones de nuestro artista con la música, especialmente con el Jazz, hay aspectos formales y sensoriales en su obra próxima a sus ritmos, una especie de cadencia expansiva, de un swing, de un tipo de pintura que incita a ser partícipe de ella.

Pero también está el silencio, un silencio que es vacío en el espacio y que se ve reforzado por el dominio del dibujo, preciso y detallado, y por un color irreal, un tanto metafísico, -muy especialmente en esta obra- y que es uno de los aspectos que más le distancia del hiperrealismo ortodoxo; Sierra posee un estilo muy personal, su admiración por el pintor Antonio López viene de lejos, desde su descubrimiento en las páginas de la revista Nueva Forma en 1969 pero, sin embargo, se distancia de él en lo esencial: “Antonio López es la sobriedad llevada al límite, es mesetario, es el silencio en el páramo, yo tengo la convulsión norteña, desgarradora, dramática y existencial”. Otro aspecto destacable de la personalidad de Carlos Sierra -reflejada en su pintura-, es cómo, desde siempre, ha sido un ávido lector de los existencialistas, se interesó por la Generación Beat y uno de sus iconos, Jack Kerouac y En el camino, para entender esta fea belleza que les caracterizó en su momento. Y ciertamente, ante nuestra obra se plantea el eterno dilema entre lo bello y lo feo, lo eterno y lo perecedero, entre el realismo -hiperrealismo- y el mundo fantástico e ilusorio en el que se mueve el arte porque, como dice el artista, cuando pintas estás creando una ilusión estás, sencillamente, haciendo una superficie.

Leonard Koren en Wabi-Sabi señala cómo todas las cosas son imperfectas, nada de lo que existe está libre de imperfecciones y Edificio en construcción podría ser un reflejo de esta afirmación; se trata de un cuadro realmente impresionante, y lo es, sin duda, desde su espectacular presencia, pero es sólo cuando lo miramos muy de cerca, cuando sentimos un esplendor ahora desmoronado, cuando reverberan en nuestro interior los sonidos del pasado y cuando advertimos, con cierta nostalgia, su efímera naturaleza. Es ahí, en esa indefensa naturaleza, donde reside la gran belleza.

“Edificio en construcción”, Carlos Sierra
Óleo/lienzo, 153 x 152,7 cm., 1976
Museo de Bellas Artes de Asturias, sala 24
Depósito del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Asturias


Santiago Martínez
 es profesor de Historia del Arte
saguazo@yahoo.es