Luis Rodríguez-Vigil ante "La Maga Circe" / FOTO: DIANA OLVERA

“La Maga Circe” de Luis Rodríguez-Vigil (Oviedo, 1963), es un óleo sobre lienzo de 240×310 cm. realizado entre 1995 -1996 durante su estancia en Roma.

“Amigos, aquí dentro está una mujer que hace un bello tejido entre hermosas canciones. Llamémosla: sea diosa o mortal, ¿qué mal podemos temer de ella? ”

En el Canto X de la Odisea se recoge el relato en el que podría estar inspirada “La Maga Circe” de Rodríguez-Vigil. Los invitados, parte de la tripulación de Ulises que había desembarcado en la isla Eea, sufrirán el encantamiento de la hechicera tras tomar una pócima mágica, convirtiéndose en cerdos; aunque nuestro artista ha elegido ese triunfal momento para la protagonista, la historia de Circe continuará por otros derroteros.

La obra es sorprendente en su monumentalidad, su tamaño, pero también lo es en su fuerza técnica y cromática y en su planteamiento compositivo barroco. Estamos ante una pintura que es fruto del rigor y de la imaginación, en ella laten siglos de tradición figurativa, de relatos mitológicos, en definitiva, siglos de pintura. Me he acercado mucho al lienzo para ver su materialidad, su relieve y comprobar que Rodríguez-Vigil posee una manera muy personal de trabajar con el pigmento que siempre le ha acompañado; es realmente llamativo que surja tanta poesía de una materia maltratada. El propio artista hace referencia a la influencia que por aquellos años ejercieron sobre él algunos manieristas como Lorenzo Lotto, Pordenone y, especialmente, Dosso Dossi, al que pertenecen dos de las versiones más conocidas de “La Maga Circe”.

Hay apropiacionismo aquí, la protagonista es en sí una figura extraída del mejor inventario de ese arte manierista: la esbeltez, su extrema palidez y la elegancia anacrónica le permiten destacar en el paisaje. Es posible que la influencia de los pintores de la transvanguardia italiana -Sandro Chia y Enzo Cucchi- se esconda tras esta figuración, pero sobre todo está presente la del pintor alemán Neo Rauch. La modelo, Mona Vestli, amiga noruega del artista, becada también en Roma, fue para él perfecta: “ella era el tipo de modelo que buscaba para darle a mi cuadro un aire de ciencia ficción, se maquillaba igual que Anita Eckberg, con el rabillo del ojo hacia arriba” y ciertamente, hay algo en esta historia mitológica de mágicas metamorfosis que parece adelantarse a las novelas fantásticas como La isla del Doctor Moreau de H.G.Wells.

Se refiere el artista a un artículo titulado “predannunziana Maga Circe” de Alberto Savinio que comparaba ese magnetismo de nuestra protagonista con el de la mujer fatal del decadentismo y del cine contemporáneo: “para Savinio, Greta Garbo era el canon de esa femineidad de hielo, inaccesible, indomable; ni madre, ni esposa ni amante: ELLA”. La Circe de Luis Rodríguez-Vigil rememora con su absoluta y gélida presencia toda la historia del arte que, apoyándose en la mitología y en la leyenda, es capaz de hacerla realidad a través de la sensualidad de una Salomé de Gustav Moreau o de Aubrey Beardsley, o del heroísmo de una Judith pintada por Caravaggio o Lovis Corinth.

Aquellos años en Roma fueron propicios para Luis, le permitieron mostrar esa capacidad única que tienen algunos creadores para convertir en actuales leyendas olvidadas en las profundidades del mundo.


La Maga Circe”
Luis Rodríguez-Vigil
Oleo sobre lienzo
240×310 cm.
Museo de Bellas Artes de Asturias, sala 25

Santiago Martínez es profesor de Historia del Arte
saguazo@yahoo.es