Dice Wikipedia que el universo es la totalidad del espacio y del tiempo, de todas las formas de la materia, la energía y el impulso, y las leyes y constantes físicas que las gobiernan. Una descripción que podría referirse con toda tranquilidad a la exposición “David Bowie Is”, un profundo recorrido sobre su música y su individualismo radical que influenciaron corrientes artísticas, el diseño y la cultura en general. Se trata del “retorno del delgado duque blanco lanzando dardos en los ojos de los amantes, aquí estamos, un momento mágico, así son las cosas desde donde se tejen los sueños” (Station to Station).

Más de un millón y medio de visitantes han viajado a ese universo que comenzó en la sede del Victoria&Albert Museum en el año 2013 y que llega a Barcelona tras su paso por Canadá, Australia, Alemania, Francia, Italia, Japón o Australia.

“Control terrestre a Mayor Tom, en verdad hizo noticia y los periódicos quieren saber de quienes son las camisas que usa”. Corría el año 1969 y las peripecias del astronauta perdido en el universo (Space Oddtiy) podrían servir como mantra para hacer referencia a una vibrante y atractiva exposición que presenta más de 300 piezas entre trajes, películas, vídeos, letras y obras de arte. Así que la primera impresión sería, en palabras de Kay Rush, “no solo música”. La exposición invita a un alucinante viaje alrededor de los cincuenta años de su presencia en los escenarios e ilumina la extraordinaria amplitud del genio creativo y su enorme impacto. “Rebelde, rebelde, ¿cómo iban a saber? “(Rebel, rebel).

“Estoy atravesando la puerta y estoy flotando en una manera muy peculiar y las estrellas lucen muy diferentes hoy” (Space Oddity). Confieso que nada más acceder al Museo me sentí como si estuviera entrando en la mente de este icono pop increíblemente influyente y agradecí instantáneamente su individualismo andrógino radical. ¿Motivos? La exposición está compuesta básicamente por piezas de su colección personal, así que el éxito de la misma se debe a su “yoismo” acaparador, lo que permite estar “cara a cara con el hombre que vendió al mundo” (1970).

En el recorrido por su universo se pueden ver las estrellas que iluminaron su trabajo, desde William Burroughs a Kurt Weill pasando por Lindsay Kemp, Little Richards, Jacques Brel, Marcel Duchamp, Greta Garbo o Fritz Lang que delatan sus influencias artísticas y sus experimentos con el surrealismo, expresionismo alemán, music hall, mímica y Kabuki japonés. Pero el espectacular e interactivo viaje permite identificar también a los “Absolute Beginnners” (1986) que recogieron sus luminosas propuestas como Marc Almond, Morrissey, Jarvis Cocker, Prince, David Sylvian o Madonna.

“Me voy a sentar ahora, esperando el regalo del sonido y la vision” (Sound and Vision). La exposición recurre a lo último en tecnología de audio para fusionar virtualmente imagen y música. El uso de los dispositivos Sennheiser permite escuchar la banda sonora que acompaña las obras expuestas, de forma tal que integran el material sonoro fusionándolo con el recorrido por la exposición. Algo que se agradece doblemente porque además de aislar a cada persona evita los ruidosos comentarios delante de las piezas.

Hay un eje cronológico que sigue el itinerario de su discografía, así que en la primera sala están las fotografías y los bosquejos de Bowie para los escenarios y los trajes creados para sus inicios en bandas como los Kon-rads. Esta primera parte concluye con el primer gran éxito de Bowie “Space Oddity” (1969) y la introducción del personaje de ficción “Major Tom”, que más tarde aparecerá en “Ashes to Ashes” (1980) y “Hallo Spaceboy”. Por cierto, la película de la canción adelanta la era de los videoclips de los años 80 y el casco que lleva recuerda, y mucho, al que Guille Milkiway usó en su Revolución Sexual. Otra influencia más.

En los años setenta Bowie se abrazó a Ziggy Stardust, una manifestación humana de un ser extraterrestre con atrevida apariencia andrógina. Se exhibe el traje original creado por Freddie Burretti y diseñado en colaboración con Bowie, que se inspiró en los trajes usados por Stanley Kubrick en “La Naranja Mecánica”. También se muestran los trajes diseñados por Kansai Yamamoto, destacando el escultórico body de rayas que aparece en Aladdin Sane, inspirado por los samurai japoneses. En su particular universo apareció la diseñadora rusa Natalia Korniloff autora del traje de Pierrot que aparece en la portada del álbum “Scary Monsters” (1980) y usado por Bowie en el visionario videoclip “Ashes to Ashes”, co-dirigido con David Mallet. La exposición incluye el traje de plata original de Pierrot y los storyboards dibujados a mano por Bowie para el video. Y siguiendo la ruta de la moda, uno se topa con la sala donde aparece el abrigo Union Jack, mezcla de sastrería experta y punk iconoclasta y subversivo, realizado por Alexander McQueen, en colaboración con Bowie y que se convirtió en portada de “Earthling” (1997).

Y de la moda al celuloide. Hay un sala donde se pueden ver extractos de sus apariciones en el cine, comenzando por su primera aparición en pantalla en “El hombre que cayó a la Tierra” de Nicolas Roeg. Su magnetismo cautivó a directores tan dispares como Nagisa Oshima, Tony Scott, John Landis, Julian Temple, Jim Henson, David Linch, Martin Scorsese o Julián Schnabel. Para la historia visual quedará la escena de su cabeza enterrada en la tierra en el campo de concentración japonés de Feliz Navidad Mister Lawrence (1983).

 

Una ciudad cambió su vida a finales de los 70. Berlín sirvió como salida de escape y como terapia personal y musical de la mano de Brian Eno y Lou Reed. En la ciudad alemana grabó “Low”, “Heroes” y “Lodger”, una trilogía que bascula entre el pesimismo y la ironía, de la que salió uno de los himnos pop del siglo XX, ese que dice “Podemos ser héroes por siempre jamás ¿Qué te parecería?”. Treinta cinco años después, Bowie volvería a Berlín “sentando en el Dschungel, en Nurnberger strasse, un hombre perdido en el tiempo cerca de KaDeWe, simplemente paseando a los muertos” (Where Are We Now?)

“David Bowie Is” no es una exposición para culos inquietos. Un exhaustivo recorrido precisa varias horas (en mi caso cuatro) sentado en una vertiginosa montaña rusa de sonrisas y lágrimas. En la retina queda la mayor cantidad de objetos personales del artista que jamás se haya expuesto, desde storyboards, repertorios y letras manuscritas, a bocetos, partituras y textos que son prueba de la evolución de sus ideas creativas. Si tuviera que escoger una pieza, yo me quedaría con la aparición en el programa Top Of the Pops el 14 de abril de 1972. Bowie puso al planeta patas arriba con su interpretación de Starman, ataviado con el ajustado mono multicolor, y pasándole el brazo de manera sensual a Mick Ronson. Era la primera vez que muchas personas conocían a Bowie, algunas se enfurecieron, pero millones de jóvenes quedaron seducidos cuando en el minuto 1.47 les señaló con el dedo al cantar “tuve que telefonear a alguien, así que te escogí a ti”.

25 de septiembre. Anoten esa fecha en sus propósitos para los próximos tres meses. Comprobarán que no hay nadie más multidisciplinario que Bowie, ese hombre estelar que dijo una vez “estoy feliz, espero que ustedes también.  He amado todo lo que necesitaba amar”.  (Ashes to ashes).

Jose Antonio Vega es colaborador de laEscena
@joseanvega64