"Sin título", acrílico sobre tabla, 50x75 cm, 2018 / FOTO: JOSÉ FERRERO VILLARES

“A veces estamos demasiado dispuestos a creer que el presente es el único estado posible de las cosas”
Marcel Proust

Fue en la Galería de Iván Dasto, ya hace algunos años, donde contemplé por primera vez los trabajos de Jezabel Rodríguez (Oviedo, 1977), una exposición fruto del VI Premio Dasto de Fotografía con el que fue premiada, he seguido su trayectoria desde entonces; recuerdo perfectamente aquellas obras de pequeño formato que hablaban desde la intimidad de los objetos cotidianos. En el texto de presentación, Gabino Busto comentaba la capacidad de la artista para llevar hasta el límite los matices del blanco mediante una sorprendente economía de medios, se refería a aspectos que se han convertido en constantes estéticas en ella: el encuentro de la fotografía con la pintura y su acercamiento a los objetos desde la sensibilidad pura y el esencialismo.

Desde siempre comparte con grandes creadores -desde Monet a Sorolla, desde Matisse a Morandi- sus preocupaciones plásticas sobre la conquista de la luz. Entre las distintas expresiones que existen para tal propósito, “atrapar la luz” es la más acertada para Jezabel Rodríguez, percibe la fugacidad lumínica y la interioriza para hacerla propia, posee un profundo conocimiento de los mundos exteriores que transfiere a sus trabajos. La claridad lo inunda todo, se apodera de las cosas fijándose en las superficies, se filtra y transparenta resistiéndose a ser atrapada, sólo una mente lúcida y serena como la de nuestra artista puede acercarse a esa conquista, y cuando lo hace, los objetos cotidianos que representa, silenciosos y quietos, desprenden su propia luminosidad.

“Jezabel Rodríguez”, vista de la exposición en As Quintas, A Caridá

 

Tras obtener el Premio del Certamen Nacional de Artes Plásticas Art Nalón 2012, pude visitar su exposición en la Pinacoteca Municipal de Langreo, y advertir la consolidación y coherencia de un trabajo en el que ha llevado al límite un depurado uso de la materia pictórica; recogido en el catálogo de aquella muestra, Pinturas 2009-2013, y en palabras de Alberto V. Miranda, figuran dos aspectos que sintetizan su pintura: sensibilidad y determinación, conceptos que resumen a la perfección el punto de encuentro entre el rigor de la técnica y la pasión por lo que hace.

El protagonismo del color blanco aporta una sorprendente uniformidad con riqueza de matices que ahora, en la muestra de A Caridá, se ve acentuada con una infinita posibilidad de tonalidades suavizada tras la apariencia monócroma. En la reciente exposición Monochrome: Painting in Black and White, en la National Gallery de Londres, se advierten las indagaciones de muchos creadores que a lo largo de la Historia han ahondando en las posibilidades del color blanco, del gris y el negro recurriendo, como hace Jezabel Rodríguez, a todas las posibilidades tonales que ofrece la luz que afecta a los objetos, desde el brillo del metal a los reflejos de la porcelana o a la transparencia del vidrio.

Hay algo de “ascetismo estético” en cada una de estas pinturas, de una cierta atemporalidad que lleva al recogimiento, una sobriedad que se ve potenciada por el espacio expositivo que las acoge en As Quintas. En este sentido, María Teresa Fernández, en La mujer y el arte en Asturias durante el siglo XX, publicado por el Instituto Asturiano de la Mujer, realiza una acertada puntualización sobre la sencillez de los objetos representados por Jezabel, relacionándolos con los bodegones realizados por Zurbarán, el pintor que puso alma a las cosas cotidianas, el pintor de lo blanco sobre el que también fijó su mirada María Zambrano en Algunos lugares de la pintura, por aquella blancura imposible de igualar, capaz de hace visible lo oculto y tangible lo irreal.

Al igual que la escritora malagueña analiza los bodegones místicos de Zurbarán, hablándonos de lo auténtico de un arte ajeno al paso del tiempo, y se refiere a la sobria atemporalidad de las naturalezas muertas de Luís Fernández, así veo las últimas obras de Jezabel Rodríguez, como una pintura cargada de verdad, alejada del tiempo y sus estragos, de una luz ensimismada por un amor que en vez se expresarse en palabras lo hace a través del blanco, blanco impoluto que lo impregna todo y se expande hasta lo más íntimo del ser humano.

Jezabel Rodríguez
Sala de Exposiciones “As Quintas”, A Caridá, Asturias
Hasta el 25 de noviembre 2018


Santiago Martínez
 es profesor de Historia del Arte
saguazo@yahoo.es