Los mundos de Chassol

El artista francés trae al Teatro Jovellanos de Gijón Ludi, su último espectáculo, que saldrá en forma de CD+DVD durante el primer trimestre de 2020 y que sigue en la línea de sus trabajos anteriores, mezclando imágenes documentales y música en directo

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Christophe-Thomas Chassol

Tres cuartos de entrada el viernes 8 de noviembre en el Teatro Jovellanos de Gijón para ver Ludi, el nuevo espectáculo de Chassol, dentro del ciclo JazzGijón que se abría el día anterior con la (también) francesa Camille Bertault y por el que pasarán Nils Petter Molvaer o Pepe Rivero, entre otros. Empezaremos por lo menos bueno: público muy frío y desubicado, que quizás pensaba que iba a ver un concierto de jazz “al uso” y que no se enganchó al espectáculo. Dicho esto, todo lo demás fue espectacular.

La puesta en escena no puede ser más sencilla (ni más efectiva): varios teclados enfrentados a la izquierda del escenario y una batería a la derecha, ambos sets iluminados con luz blanca tenue con el resto del escenario en penumbra, necesario para poder ver las proyecciones sobre la pantalla que cubría todo el fondo del escenario.

Ludi es una mezcla entre documental, cine y directo musical que tiene como punto de partida e inspiración la novela de Hermann Hesse Das Glasperlenspiel y los documentales de Johan Van Der Keuken, Chris Marker y Frederick Wiseman. A partir de imágenes grabadas en diferentes escenarios del planeta, el artista construye un discurso sobre el juego, el tiempo, la música y las interacciones humanas, que muchas veces pasan desapercibidas.

Chassol juega durante casi hora y media con esas imágenes documentales; las estira, las repite, las retuerce y les pone música en directo acompañado en el escenario por el baterista Mathieu Edouard (pieza clave para que la sesión suene redonda) y con el apoyo de sonidos pregrabados, básicamente un sexteto de flautistas y voces.

El espectáculo está dividido en cinco capítulos, que se corresponden con diferentes temáticas y lugares. Los sonidos generados en el transcurso de la película, ya sea en el patio de la escuela de los suburbios de París, durante un partido de street-basket, en una sala de videojuegos vintage, en el parque de atracciones de Tokio y en un casino del sur de Francia, se combinan de manera magistral con los sonidos pregrabados y con la música en directo de Chassol (teclados y programaciones) y Mathieu (batería).

El primer capítulo es una secuencia en el patio de un colegio de primaria en Puteaux, un suburbio parisino. Los niños juegan y gritan, forman grupos o círculos, buscan juegos y jugadores. Algunos dominan y otros son dominados. El material de archivo se editará más tarde para que Chassol pueda aislar motivos rítmicos y melódicos a partir de los cuales componer una nueva pieza musical.

Una cancha de baloncesto al aire libre es el segundo capítulo de Ludi. Varias personas se reúnen para un partido. La alineación está dirigida por el baterista y jugador de baloncesto Mathieu Edouard, y está compuesta por jugadores que se duplican como deportistas y músicos. Forman dos equipos que se enfrentan en un partido de baloncesto poco convencional. Christophe Chassol también les sugiere nuevos juegos basados ​​en los movimientos y los sonidos que producen.

Mathieu Eduard

 

De los tiros a canasta pasamos a los disparos en los videojuegos de una sala de arcades en el distrito Shibuya de Tokio. Allí nos encontramos con Kohh, un famoso rapero japonés nacido en Tokio en 1990. Al igual que Chassol, ha trabajado con Frank Ocean en sus dos álbumes más recientes. Junto con dos amigos suyos, nos lleva a algunas de las salas de video más retro de la capital nipona. Chassol lo hace recorrer las máquinas, participar en competiciones de videojuegos.

También en Tokio de desarrolla el cuarto capítulo del espectáculo. Joypolis es un gigantesco parque de atracciones cubierto ubicado en el distrito de Minatoku. Kohh y sus amigos suben en una montaña rusa interior, atracción que ofrece un tremendo material visual y sonidos para usar durante la edición y el posterior proceso de armonización. Los gritos de los protagonistas se mezclaron con el chirrido de la maquinaria, el ruido tintineante durante el vertiginoso ascenso, el estallido del descenso vertical y, por supuesto, la música en directo de Chassol y Mathieu.

El quinto y último episodio del espectáculo se desarrolla en un casino. El ruido de máquinas, fichas y bolas alrededor de las mesas de ruleta, el roce de las cartas, las palabras y los gritos de los jugadores permiten a Chassol construir un discurso sobre la suerte.

Durante gran parte del metraje Chassol también utiliza material de archivo que armoniza con la música, como pueden ser extractos de los documentales oficiales de los Juegos Olímpicos de 1964 y 1968 (que se utilizan para crear nuevas piezas de música basadas en los sonidos producidos por los atletas y las voces de los comentaristas)o extractos de documentales de vida silvestre que proporcionan ejemplos de sonidos de animales. Todo ello, se mezcla en ocasiones con ilustraciones realizadas exclusivamente para el show.

A diferencia de los trabajos anteriores de Chassol, Ludi no consiste exclusivamente en secuencias documentales musicadas. Algunas escenas se filman utilizando un croma, lo que permite al compositor insertar este metraje en diferentes escenas de la película.

Además, durante los dos primeros capítulos de Ludi, Chassol también utiliza croma para insertar sobre las proyecciones a un batería que “compite” con Mathieu Edouard, que toca en directo desde el escenario.

El espectáculo finalizó con tres bises: el primero, un solo de batería de Mathieu Edward, seguido de una pieza de uno de los anteriores trabajos de Chassol (Indiamode) y, para dar por finalizada la sesión, una composición de Chassol en solitario al piano.

Christophe Chassol nació en 1976 (el día de este concierto, tal y como dijo Mathieu Edouard, era su cumpleaños). Ingresó a la academia de música a los 4 años y estudió allí durante 16 años. Obtuvo una beca del Berklee College of Music de Boston, graduándose en 2002. Durante los siguientes 15 años, compuso para cine, televisión y publicidad. Fue director de orquesta de 1994 a 2002 y posteriormente trabajó con Phoenix, Sébastien Tellier, Frank Ocean o Solange, entre otros.


José Castellano
es editor de LaEscena