"En el jardín", acrílico sobre lienzo, 120x150 cm, julio-agosto 2017

Muchos alicientes hay en Breza Cecchini, su naturaleza provoca estímulos suficientes para hilvanar una idea tras otra en la construcción de un discurso sobre su obra. Siempre es distinta, pero perdura en sus propuestas una reflexión sobre la vida y sus porqués. Recuerdo su entusiasmo cuando colaboró en la muestra dedicada a Louise Bourgeois en 2012, su obra “Art is a guaranty of sanity” denota su admiración hacia la artista homenajeada eligiendo una de sus frases más conocidas reafirmando la necesidad del arte para la supervivencia.

Ligada a diversas disciplinas creativas, la literatura refuerza su manera de asumir y entender el arte, un buen ejemplo de ello es “Por ventura un no sé qué” -título de la muestra que podemos contemplar en el Museo Barjola de Gijón- extraído de la “Glosa a lo Divino” de San Juan de la Cruz que como comenta la artista, le ha servido para explicar el acontecer fortuito que sucede en sus trabajos. En ellos vemos reflejado ese estado de la persona que tiene en la vida las cosas deseadas: “cuando me pongo a pintar sin rumbo fijo escojo palabras o colores por un no sé qué y, así luego, compruebo que ha sido por ventura”.

En ocasiones Breza se sorprende de los descubrimientos que en su proceso de gestación van acaeciendo, o a posteriori, al encontrar en sus paisajes o entre las nubes de sus cuadros, figuras que conscientemente no había creado, pero ahí están. Hay mucho de espontaneidad en ello “pinto donde estoy y lo que soy”. Pero no sólo es el conocimiento natural que posee sobre la vida, es también su formación en el ámbito de las artes plásticas lo que desencadena una riqueza creativa con múltiples matices; las vivencias y fantasías se entremezclan hasta el punto de confundirse y, como comenta Natalia García, comisaria de la muestra, es en su obra “donde el arte y el arte de vivir son la misma cosa; donde esencia y transcendencia se unen”; hasta el extremo que situarnos ante uno de sus trabajos se puede convertir en un relato, un sueño, un no sé qué lleno de sugerencias.

El arte que nace desde esa ensoñación es libre y por ello, más auténtico. Y desde esa libertad recuerdo el lirismo que desprende también la pintura de Marc Chagall, un artista que creaba desde el corazón porque, “si creas desde él, casi todo funciona, si creas desde la cabeza, casi nada”.

Desde un punto de vista puramente iconográfico también su aportación es enriquecedora: retratos de familia, autorretratos, imágenes ya clásicas en ella, como el lobo (imagen 1), al que hemos visto crecer a su lado hasta cambiarse de bando, “escribo la palabra libertad al lado de un lobo que libero de un lazo”, como una superación de las ataduras y una ausencia de miedos.

IMAGEN 1. “Lobos en un after”, óleo y pan de plata sobre lino, 160X100 cm, (desde 2011 aprox.)

 

Hay en sus trabajos una alusión directa a referencias del pasado que recuerdan la imaginería bizantina, donde el pan de oro ocupa un lugar fundamental dentro de la simbología religiosa, así ocurre en “Oros y velo” (imagen 2). Las connotaciones del color reafirman sus conexiones históricas, incluso antropológicas, en “Camino rojo” (imagen 3) pinta un sendero que recuerda creencias espirituales amerindias.

En la muestra hay pinturas al óleo, acrílicos, grafitos, dibujos, bocetos, esculturas y algún libro de artista como “catálogo de lobos”. Las frases de San Juan de la Cruz y de Robert Fulghum se esparcen por la sala mezclándose con las pinturas para recordarnos “que los sueños son más poderosos que los hechos”.

Hay en la muestra un cuadro titulado “Sueño” (imagen 4) que actúa como referencia para el conjunto. El mundo onírico es desde siempre, indirecta o directamente, fuente de inspiración artística, las fantasías hechas realidad están en esa muchacha dormida arropada por niños, animales y santos, todos confluyen en la placidez del sueño, la serenidad de su rostro se traslada al ambiente, es el mundo del subconsciente hecho realidad que enlaza con cierta tradición de pintores capaces de recrear leyendas y mitos, así ocurre con Johann Heinrich Füssli y sus románticas visiones que ilustran El sueño de una noche de verano de William Shakespeare con los amores de Titania y Bottom; también en su obra, “La Pesadilla”, -inquietante cuadro que habla de la fuerza inspiradora del sueño de la razón-, cuyos ecos resuenan en otro de los trabajos de Breza, “Galope” (imagen 5).

Sorprenden sus creaciones más recientes, en “Tarde de verano” (imagen 6, izquierda), además del formato relativamente grande (120×150 cm.), poco frecuente en nuestra artista, muestra un dominio de los pigmentos que fluctúa entre la desmaterialización vaporosa y la corporeidad. Se acentúa en una especie de filigrana y arabesco que evidencian la soltura que surge desde su libertad. Como decía Raoul Dufy “No sigo ningún sistema. Las reglas son sólo apoyos que se echan a un lado cuando llega la hora de la creación”. Así, el grafismo de En el jardín (imagen de portada) es delicado y sorprendentemente ligero.

Acercarse a la obra de Breza Cecchini en el Museo Barjola es disfrutar y sentir la energía que emana de estas obras. Es enfrentarse al ser humano, a su relación con el otro, al juego de metamorfosis que va más allá de lo evidente, a una introspección sobre la propia esencia que también tiene aspectos inquietantes, desde la melancolía a la trascendencia. Todo parece destilado por la artista desde su sensibilidad para que, ante cada uno de sus cuadros, podamos respirar hondo y soñar que eso debe de ser la belleza.

Breza Cecchini
“Por ventura un no sé qué”
Museo Barjola. Calle Trinidad 17, Gijón
Hasta el 17 de septiembre
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Contacto de la artista


Santiago Martínez
 es profesor de Historia del Arte
saguazo@yahoo.es