Hacía tiempo que no veía un enfrentamiento tan brutal entre dos actrices. Dos actrices que son dos hermanas, Bárbara Lennie e Irene Escolar. Dos hermanas que son dos fieras. Mujeres que tratan de devorarse, de aniquilarse, a cada instante. Que no temen a las palabras ni a lo que se esconde detrás de ellas: sentimientos puros, desnudos, violentos, casi irracionales. Los ajustes de cuentas son lo de menos. Las piedras, afiladas, se lanzan más lejos de ese territorio, el del ajuste de cuentas. Las piedras (palabras) se tiran a la cara, con toda la intención de dañar, de machacar con fuerza a la parte contraria. Sin remordimientos. Sin complejos. Sin excesivos matices. Como el instinto de los soldados que se enfrentan en las trincheras de cualquier guerra. La única razón es humillar, arrinconar a la otra contra las cuerdas. Y que ellas, las cuerdas, siempre en tensión, sigan haciendo daño en las dos hermanas, en las dos fieras, Irene Escolar y Bárbara Lennie, hasta rasgar la piel. No hay miedo a hacer sangre. Y eso queda claro desde el comienzo de esta nueva función de Pascal Rambert.

La sangre ya está ahí, desde el principio, en todo lo alto, brotando de sus bocas, de esas gargantas que necesitan tragos de agua para no resquebrajarse como el páramo del que proceden sus miedos, sus rencores, sus frustraciones, sus delirios. El origen de su enfrentamiento. La cúspide del odio. La imposibilidad del amor, del equilibrio, del sosiego. Ellas, Bárbara e Irene (no se puede destacar a una por encima de la otra: sus interpretaciones son tan precisas, impecables y complementarias que no se deben desligar), cara a cara, cuerpo a cuerpo, no le temen al lobo feroz porque ellas, las dos, son fieles reflejos de ese lobo. Dos lobas que se arañan, se muerden, se machacan, se desgarran. Sin tregua. Sin piedad. Mostrando los colmillos que rastrean constantemente la parte más frágil del contrario.

Sólo en el momento del baile -como ocurre en algunas obras de Marguerite Duras– hay un minúsculo y bellísimo amago de tregua. “It´s a wonderful, wonderful life”. Sólo en esos breves minutos la sangre deja de arremolinarse en torno a la herida. Después, la guerra prosigue. Esa guerra que parece no tener fin. Y la única razón de ser sigue siendo esa, despedazar al contrincante sin miramientos, sin medias tintas, hasta que las luces se apaguen y dejen en el espectador un rastro de inquietud tan salvaje que tardará horas en desaparecer.

“Hermanas” pasó el 1 y 2 de marzo por Avilés y Logroño y los días 10 y 30 de este mes estará en Santurce y Orense