Rats on Rafts en una imagen promocional.

Si pudiéramos valorar en términos de renta per cápita conciertos como el que ofrecieron el domingo por la noche los holandeses Rats on Rafts en La Salvaje, tendríamos que concluir que todos fuimos millonarios durante cuarenta y cinco minutos. Poco público para un concierto tan intenso y tan bien ejecutado, que daba lástima que no hubiera más privilegiados para repartir. Con todo, la profesionalidad del cuarteto de Rotterdam también se notó en eso: máximo esfuerzo a pesar de las difíciles circunstancias de la plaza.

Con David Fagan al frente, ensimismado en su voz y rabioso en la guitarra, y el apoyo del desaforado Arnoud Verheul en la segunda guitarra, coros y teclado fisher-price, la banda llegaba a Oviedo con nueva e impactante base rítmica. Ni Bram Nigten a la batería ni Natasha van Waardenburg al bajo tienen una destreza espectacular con sus instrumentos. Sin embargo, son de esa raza de músicos capaces de sacar petróleo con una mano atada a la espalda. Tienen pegada, sonido y ejecutan con precisión de mecánica analógica los rudimentos básicos que requieren las composiciones de Rats on Rafts. En el caso de Natasha van Waardenburg, su balanceo de puntillas sobre el escenario contradecía el grosor y la contundencia tosca de ese bajo castigado por la púa convertido en columna vertebral del sonido de Rats on Rafts. La batería de Bram Nigten reafirmaba la parquedad y la potencia, con juegos de poliritmia troglodita ásperos y eficaces. Porque todo ese arsenal bruto y crudo, y he ahí la clave de su sonido, crece y entra en otra dimensión con el muro de sonido que levantan las guitarras de Fagan y Verheul, entrelazadas en un mimbre todavía más hipnótico al sumarse la reverberación vocal del cantante principal. El resultado, los cuarenta y cinco minutos sin apenas respiro y de cadencia progresivamente acelerada a medida que se precipitaban hacia el final del concierto, fue una propuesta muy equilibrada entre la new-wave clásica, el punk y cierta voluntad experimental. Entre los diamantes en bruto de su repertorio brillaron de forma especial composiciones de su último trabajo, Tape his (Fire Records), como Last day on earth.

Chus Neira es periodista
@chusneira