"Resignación" (detalle), es una de las series de la muestra "Negación" que Jaime Rodríguez presenta en el CMAE de Avilés

“Durante la infancia se vive, y en adelante se sobrevive”
Michi Panero

Resignación es una de las series más importante para Jaime Rodríguez, en la que cierra un ciclo de su vida creativa y personal. Se trata de distintas piezas -dos obras sobre papel, diez lienzos, siete fotografías y el video-performance “A net of deceit”- que requieren de un análisis individualizado pero todas ellas hablan del autor, de las experiencias y vicisitudes que le han llevado, como a la mayoría de seres humanos, a defenderse, protegerse y finalmente, resignarse. Estamos ante un friso de la vida del artista en el que se muestran aspectos de su existencia que abarcan desde el desencanto por la realidad artística contemporánea, hasta el sentido de pérdida tras la muerte. Sus trabajos sobre papel son una carta de presentación, la pieza titulada Un día incómodo se halla en el cierre de Negación sirviendo de puente entre ambas series y, ahora, de introducción. Un cuadrado realizado con tinta negra, desde su absoluta parquedad, es el estandarte de la nada, la obra más rotunda de la muestra, su carácter iconoclasta plantea una nueva reflexión sobre el hecho artístico, subrayando la primacía del concepto sobre la forma. Como vaciamiento absoluto es, a su vez, tabula rasa, punto de partida, estadio con el que el individuo nace y donde todos los conocimientos, habilidades y sufrimientos adquiridos, son fruto de la experiencia.

El contenido autobiográfico es evidente, cada pieza configura un mundo y todas ellas la visión global de su existencia. Iconográficamente estamos ante obras muy complejas, las más recientes, reflejan el sentir actual del artista, las decepciones y críticas ante el sistema sociocultural en el que vivimos. Muestran su resignación al advertir cómo el empeño por defender su forma de entender el mundo y el arte, no encaja ni sirve para mucho, lo único que nos queda, comenta el autor, es tratar de encontrar algún sentido positivo a lo que, en un principio, nos llena de horror. Para transmitirnos esta queja, diez acrílicos conforman ese friso de la vida, una construcción vital donde cada metopa (40×40 cm c/u) contribuye al desarrollo de un discurso íntimo y, al mismo tiempo, universal. Cada lienzo resume la lucha por la supervivencia en la encrucijada de los estadios de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte. Son trabajos con una gran capacidad de síntesis, en los que utiliza diversos recursos plásticos: acrílico, fotografía, grafito, bordado, collage, recorte…, técnicas que se suman y superponen en un espacio que, en su mayor parte, se muestra muy delimitado y hostil, incluso desorientado, hasta el punto de que alguna pieza se podría girar 180º.

Desde un punto de vista iconográfico, hay en la representación de un niño a punto de nacer, una clara alusión a la memoria, una de las grandes preocupaciones del artista, muy presente ya en la serie Negación. Este feto se representa rodeado de signos germinales, constelaciones, corazones y triángulos. Una nebulosa se desprende y expande en torno a su cabeza conformando su “geografía humana”, construyendo su identidad y preparando su adoctrinamiento. Tras unos cortes en la superficie del lienzo advertimos un azul sanador, como un anhelo de esperanza.

«Resignación», vista de la serie / FOTO: PELAYO CAMPA

 

Todas las obras nacen desde esta transparencia, el color está cargado de connotaciones y las escenas representadas transcriben literalmente su significado. Aunque el origen de las obras esté en el propio artista, existe una empatía con el espectador que se siente identificado y partícipe del discurso. Hay algo inquietante en la mayoría de imágenes por la fuerza expresiva que desprenden pero, sobre todo, por la manera de de-construirlas y deformarlas. En una de ellas, una masa informe se extiende y nos atrae por la placidez de las manchas de color, invadiendo y contaminando el espacio sobre el horizonte, aún limpio. Es un engendro monstruoso de múltiples caras que pronto desvelará la crudeza de la realidad a una niña: la creatividad en estado puro que, curiosa, se acerca para contemplarlo, es lo que Jaime llama “el duelo de la infancia”, el despertar a una vida que pronto quedará desenmascarada con sus envites. Creemos ser espectadores del mundo, no somos conscientes de que todo nos afecta a todos, de que somos también, protagonistas de los avatares de la vida.

Dos obras cromáticamente poderosas tienen como protagonista a un personaje desnaturalizado, desdoblado y mutilado, censurado y coartado en su libertad creadora. Son autorretratos desfigurados por la realidad en los que se representa aislado e indefenso, en uno de ellos sostiene “la esfera de la creación” pero también aparecen círculos sin cerrar, referencias a la creación fallida o incompleta. Son obras que estéticamente enlazan con las corrientes neoexpresionistas y la transvanguardia italiana e incluso, por su carácter apocalíptico, se acercan al mundo visionario William Blake. Hay obras más serenas en su restricción de color, en las que sin perder en absoluto el espíritu crítico que caracteriza Resignación, se concede protagonismo al espacio. En una, un triángulo truncado, imperfecto, protege a los adaptados al sistema, que deambulan como dóciles zombis, adiestrados e incapaces de alcanzar el aura de creación que flota sobre sus cabezas. Es uno de los cuadros que se podría invertir, la figura que aparece boca abajo, con las piernas fuera de ese entorno de protección, ocuparía su espacio si las cosas hubieran sido de otra manera. “El cotilleo” -el que habla y el que escucha- abre y cierra la composición, el mundo creativo se encuentra sometido a unos cánones herméticamente cerrados en su apariencia de perfección. En otra obra, también tímida cromáticamente, estratos y capas representan un contexto constreñido que interrumpe el crecimiento, un árbol que representa armonía y creatividad, cuyo tronco habla de la solidez, crece y se ramifica como puede, a pesar de los impedimentos. Hay una semilla que germina y florece tímidamente, es el misterio de la vida que, a pesar de todo, de la presencia de un escuálido caballo apocalíptico, portador de la muerte o de la alegórica hipocresía de múltiples caras, seguirá dando sus frutos.

El carácter directo y narrativo de las pinturas de Jaime Rodríguez, hace que “lo trascendental” se desvanezca, su dureza transforma ese misterio que envuelve al arte en pura realidad. Es el principio de inmanencia que lejos de apariencias, depende exclusivamente de la sinceridad y de nada más, nada que implique la actuación de principios externos, mágicos. Como seres vivos, estamos dotados de esa esencia inherente a cada uno de nosotros, que podríamos traducir como nuestra propia esencia, pero ese vivir el presente no es suficiente y de ahí que aspiremos a transcender más allá, a gozar del espejismo de dominar el tiempo y, sobre todo, a cambiar el ritmo de la vida.

Detalle de la serie «Resignación», a la derecha «Un día incómodo»

 

Cuatro obras muy singulares cierran la serie, interesantes en su técnica y contundentes en el mensaje. La figura femenina es protagonista en dos de ellas, sobre una impresión fotográfica desvirtuada, una mujer monstruosa, con arma en mano, campea a sus anchas, es un feminismo mal entendido, dominador de un mundo callado y resignado ante tal radicalidad, con una tensa fealdad en ella. Otra, delicada en su configuración formal, levita en un entorno boscoso definido, mutilada y silenciada, sólo cuenta con la gracilidad de sus piernas para mostrar sus ansias de libertad, hay belleza y armonía aquí. El contraste se advierte también en las dos últimas piezas de esta serie, obras que sirven de colofón a la exposición, volvemos a encontrarnos ante un espíritu crítico cercano al expresionismo alemán, desde Ernst L.Kirchner a George Grosz pero, sobre todo, a dadaístas como Raoul Hausmann o Hannah Höch. Un “experto en arte” representado como una monstruosidad, discursea mucho pero está incapacitado para ver, su genuflexión y una de sus extremidades transmutada en garfio, hablan de la mediocridad del engranaje cultural, una radical crítica al sistema que mueve los débiles hilos de lo que quieren llamar arte, desde la mala educación artística hasta la absurda gestión cultural. La serie se cierra con el artista y “el vigilante”, el creador se muestra en actitud melancólica, sentado, “soy yo, pero puede ser cualquier persona que pase por lo mismo y no entienda el por qué”, la resignación se ha adueñado de él, ¡para qué luchar cuando lo mejor es mirar para otro lado!. En el horizonte una abertura en el lienzo abre el espacio hacia un futuro creativo incierto, la negritud informe de la realidad está a sus pies, no queda otra hay que asumirla, siempre habrá alguien detrás de nosotros para doblegarnos y sólo nos queda la resignación. 

Esta serie plantea cuestiones fundamentales de la vida, ligadas a la supervivencia, es importante asumir las adversidades, la conformidad nos distancia del sufrimiento camuflándolo, es un espejismo que asume sin entender el por qué las cosas son de esta manera, sin embargo, la aceptación es asumir la realidad sin pretender cambiarla. El duelo es un proceso de adaptación emocional e intelectual, es un proceso catártico que nos fortalece, permitiéndonos adquirir valores de resiliencia similares a los de los metales más resistentes, capaces de doblarse sin quebrar para recuperar su forma inicial, o la de los juncos más frágiles que nunca doblegan ante los violentos azotes de la naturaleza. Las siete fotografías con velas encendidas, cuyas llamas han sido iluminadas con pigmento rojo, nos llevan al mundo del rito, del acto performático que día a día los seres humanos llevamos a cabo para propiciar la pervivencia de las personas y acontecimientos importantes. Es posible que la resignación no sea suficiente y, por ello, Jaime Rodríguez sigue recurriendo al arte, para ayudar a romper los obstáculos de la vida y mantener despierta la llama de la memoria, descubriéndonos cómo el arte explora el mundo desde otro lado, aliviando las heridas.

«Negación», Jaime Rodríguez
CMAE, Centro Municipal de Arte y Exposiciones
Calle Llano Ponte 49, Avilés
Hasta el 31 de agosto
Más información sobre el artista: www.kaosart.org


Santiago Martínez
 es profesor de Historia del Arte
saguazo@yahoo.es