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Hay ocasiones en que los anhelos se evaporan al aproximarse, se convierten en una atmósfera cambiante, invertida, inalcanzable. Algo siempre en tránsito, sin forma ni lugar. Ese es el horizonte que ve el artista Alejandro Padrón desde la costa asturiana. Porque la línea utópica que contemplaba desde su Cuba natal ha mutado, dejándole en Ningún lugar.

El artista con mirada de filósofo esconde tras su voz tenue reflexiones que se revelan con toda claridad en su última obra, siete piezas que bajo ese título de Ningún Lugar se muestran en la Galería Alfara de Oviedo.

En realidad, la colección es continuidad de su proyecto Horizontes con el que concluyó el ciclo de grabado en la Escuela de Arte de Oviedo. “Cuando uno viene de una isla pequeña rodeada de mar, el concepto de horizonte forma parte de ti”, explica Padrón. Esa idea quedó latente en él, quiso indagar, ampliarla, porque sentía que estaba cambiando. Desde allá, que para él era acá, veía la luz en el punto lejano, pero ese horizonte viajó con él. “Hay una clara diferencia entre lo que buscas y lo que encuentras. Apareció la nostalgia y la añoranza; te sientes en tránsito, con una falta de identidad, porque eres de allá y de acá. No te encuentras en ningún sitio. Todo se invierte”, reflexiona.

Dice Padrón que todavía lleva poco tiempo fuera de su isla para tener un concepto sólido, aunque por lo pronto sus reflexiones han pasado de la utopía a la retrotopía, de la que hablaba el filósofo Zygmunt Bauman. Una de las frases que acompaña las obras habla del paisaje para proyectar los recuerdos del pasado: “Vemos el futuro tan incierto que lo proyectamos en el pasado, en la añoranza de un pasado que es lo que conocemos, lo que es cierto”, expresa el artista.

La exposición se vertebra sobre este concepto, pero traza muchos otros pensamientos: sobre el reflejo y su reconstrucción, la apariencia , lo ambiguo, y las prisiones propias vistas desde dentro y desde fuera, un debate entre la poética visual y la realidad.  “Tenemos nuestras propias prisiones, las rejas de la autocensura. Desde lo profesional a lo personal nos juzgamos demasiado”, afirma Padrón.

El artista encuentra en sus raíces y sus sueños la inspiración para una colección cargada de atmósferas, de nubes que ocupan espacios, ocupan hasta la isla de Cuba sobre papel japonés. Ya lo dijo el poeta José Emilio Pacheco: “En un mundo erizado de prisiones sólo las nubes arden siempre libres”.

Pero una de las piezas más llamativas de la muestra, la nube de Padrón, está sujeta, anclada a una estructura metálica sobre un atril de la galería Alfara.

Ese amarre también está presente en la obra que preside la sala, una viga con dos bloques de hormigón que presionan un pequeño trozo de cielo, un espacio libre sometido a la línea recta; una atmósfera siguiendo el curso establecido. Es tal vez la prueba más clara de que las reflexiones de esta exposición no son solo individuales sino también colectivas.

Cada obra, subraya Santiago Martínez, comisario de la muestra, tiene mucha vida. “Hay algo común, pero cada pieza tiene muchas reflexiones sobre la vida. No se nombran lugares concretos pero la exposición va de lo abstracto a lo concreto. Juega con el espacio y el tiempo”, describe Martínez.

Ningún Lugar es una evolución vital del artista, no solo en lo conceptual. Mezcla en esta exposición el grabado aprendido en Oviedo con la formación en escultura adquirida en la Escuela de San Alejandro de La Habana. Todo inmerso en otras técnicas usadas con mano de artesano.

La exposición permanecerá abierta hasta finales de julio y a la vuelta del descanso estival, ese viaje al horizonte invertido, podrá visitarse hasta el 12 de septiembre. Luego, llegarán nuevos anhelos.

“Ningún lugar”, Alejandro Padrón
Galería Alfara (Aurora de Albornoz 16, Oviedo)
Hasta el 12 de septiembre (agosto, cerrado por vacaciones)


Idoya Rey
 es periodista
@idoyarey