FOTO: FICX

La sección Albar del Festival Internacional de Cine de Gijón recoge los últimos trabajos de grandes nombres del cine mundial, cineastas que obra tras obra, abren nuevos caminos. Hablando de caminos, estos nos sirven para viajar, algo que se ha convertido en marca de la casa de Lisandro Alonso que volvió a Gijón tras llevarse el gran premio con Liverpool en la edición de 2008.

LaEscena mantuvo un encuentro con el cineasta argentino en los camerinos del Teatro Jovellanos justo antes de la presentación de Eureka, estrenada en Cannes y premiada en Lima, que finalmente compartió palmarés con RadeJude y Catherine Breilla. La película desafía al público al alejarse literalmente del punto de partida, con tres historias sobre poblaciones indígenas que se  cruzan en el tiempo y en tres espacios distintos. Así termina construyendo un díptico narrativo sobre el norte y el sur del continente americano, absorbiendo los modos de vida de  comunidades indígenas ubicadas en tres entornos marcadamente diferentes, el Viejo Oeste, la reserva Pine Ridge de Dakota del Sur en la actualidad y las selvas del Brasil de principios de los años 70.

Eureka demuestra que el realizador se ha convertido en un maestro de las transiciones. El arranque nos traslada a un western crepuscular en blanco y negro, interpretado por Viggo Mortensen  y Chiara Mastroianni, pero en un cambio radical se transforma en algo muy diferente. Tal parece que se desprende del reputado actor, “del que me nutrí y experimenté”.  Esto resulta clave para saber hacia dónde se dirige la historia, porque los reputados actores dan paso a una mujer policía de la reserva de Dakota del Sur y su dulce y cada vez más desafectada sobrina. La transición es tan precisa que el público entiende y asume el brusco cambio estético y narrativo, algo que  vuelve en la parte final, cuando trascendiendo el espacio y el tiempo, la imagen  se traslada a un lugar sudamericano  donde una comunidad nativa que habita en el bosque se ve trastornada por rivalidades internas y externas. Alonso ofrece a la gente  de la periferia social la oportunidad de dominar la pantalla, aunque solo sea por un momento o dos, como en los casos del sirviente indígena, la monja española o el hermano de Sadie, haciendo fascinantes las escenas más anti dramáticas.

La  propuesta tripartita, en la que el director encuentra paralelos a pesar de que nada es lo que parece, es un apabullante viaje de 146 minutos hacia lo hipnótico, lo exaltado y la fascinación. Un itinerario que se aleja lateral y literalmente de su punto de partida y más o menos ignora los tempos a los que se suman la mayoría del cine. Aunque ya estaba marcado en Jauja, es ahora cuando se aleja definitivamente de su estilo observacional y minimalista de sus filmes  anteriores abriéndose  hacia un registro más expansivo, enigmático y mágico. En ese registro han sido determinantes las nuevas herramientas y el trabajo con fotógrafo  finlandés, escritor argentino y actor. Alonso confiesa que “buscaba trastocar el tiempo, el espacio y el idioma, perder la linealidad y probar experiencias nuevas”.

Lisandro Alonso es un director que busca la mayor simplicidad en los títulos de las películas. De hecho se podría decir que su filmografía tiene dos fases. En la primera están La libertad y Los muertos con dos palabras, y en la segunda Fantasma, Liverpool, y  Jauja con una sola palabra.  Eureka sigue la trayectoria y el enigmático título anima al público a encontrarse con los momentos en los que aparece el descubrimiento, el despertar y la comprensión.

Escuchen con detenimiento los ocho minutos y medio y descubrirán con quien quiere pasar el tiempo, que historias le interesan  y sus ganas de  filmar la continuación de La Libertad veintiséis años después.


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Jose Antonio Vega es colaborador de laEscena
@joseanvega64