Detalle de la obra "Complicidad" de Begoña Muñoz

Tras la clausura de Contra viento y marea, exposición de María Álvarez en el edificio Histórico de la Universidad de Oviedo, una retrospectiva que se enmarca en el proyecto Contra el canon, y ante una situación vital que nos sigue manteniendo en vilo, valoro más que nunca esta iniciativa de la Asociación Feminista de Asturias “Clara Campoamor”. En Contra el canon, más allá de mostrarse el trabajo de creadoras asturianas contemporáneas, se plantea una reflexión sobre una realidad plástica “normalizada”, fruto de engranajes culturales enraizados e institucionalizados. El proyecto abandera una reivindicación que cuestiona los cánones establecidos.

Existen términos ligados a la vida y al arte que han sufrido inflexiones y crisis a lo largo del tiempo, son reflejo de avatares sociopolíticos, culturales y artísticos. Así ha ocurrido con “lo clásico”, “lo académico”, pero también con “lo moderno” o “lo vanguardista”. Fueron momentos estéticos marcados por “la estabilidad formal”, por el establecimiento de normas estéticas pautadas e imbricadas en los procesos históricos de cada momento. El prefijo pos se activa cuando esos momentos de orden son cuestionados. El Movimiento moderno y sus “valores” centrados en la razón -en “lo práctico” y “funcional”- pretendían dar sentido a una sociedad del progreso, pero entraron en crisis en la segunda mitad del siglo XX. Con la posmodernidad se verán cuestionados dichos valores que, diluyendo sus límites, dieron paso a una obra de arte que Rosalind Krauss ubicó en el campo expandido. Desde estas ambigüedades estéticas e interferencias plásticas, la ruptura con las normas debería de ser ahora más palpable que nunca.

Hay algunas creadoras en nuestro entorno más cercano que, desde perspectivas e implicaciones diversas, toman el acto creativo como un reto, arriesgando y desmarcándose de la norma. Las propuestas de Elena Rato han acentuado las interferencias entre figuración y abstracción en un proceso creativo capaz de fundir técnicas tradicionales y digitales. En su último proyecto, “Sometimes the canvas is not enough”, las obras desbordan marcos y paredes apropiándose del lugar mediante marañas de vinilo que surgen de una pintura germinal en la que un potente color, de raíz pop, se ha convertido ya en sello personal. Tras la versatilidad del trabajo de Begoña Muñoz se advierten estimulantes y arriesgadas propuestas, tanto desde sus aportaciones plásticas personales, como desde la gestión cultural de LAi –Laboratorio de Arte íntimo-. La artista aporta una visión adisciplinar en la que prima lo procesual y la relación con el lugar, así ocurre en uno de sus proyectos más conocidos, We are art!”, cuyo carga conceptual y emocional requiere de una vivencia directa e intransferible del espectador en un espacio específico y un tiempo determinado. La complicidad con el público genera nuevas lecturas y la posibilidad de documentar y registrar todo el proceso.

«Sometines the canvas is not enough» de Elena Rato en Furiosa Gallery, Madrid, 2020

 

También Maite Centol manifiesta un compromiso con la creación que la ha llevado a desarrollar un trabajo que trasciende del plano educativo al artístico, provocando sinergias necesarias desde el Espacio de Creación y Didáctica y su siempre estimulante proyecto Vitrina. Recientemente visité “Nada, poco, bastante, mucho” exposición que ejemplifica la variedad de recursos y herramientas que domina y vertebra desde el rigor del dibujo, trasladando, a su lenguaje plástico, estadísticas, encuestas y todo tipo de datos ligados a la información sobre la actividad humana. En la serie “Construcciones mentales” halla, en la geometría, en la perspectiva y la arquitectura una representación plástica cargada de sugerencias y connotaciones simbólicas. Carmen González ha derivado hacia un tratamiento físico y espacial de la pintura, cuestionando su propia naturaleza. En su exposición “La parte mínima del todo” plasma con acierto sus especulaciones estéticas sobre las posibilidades de la pintura. Como docente e investigadora, su trabajo artístico ha ido tomando forma en una obra que se debate entre el profundo respeto a los referentes históricos y contemporáneos y una trasgresión de los límites ante el hallazgo de nuevas posibilidades y recursos plásticos como la sugestión óptica del color, el tratamiento “exento” de la pintura, la acumulación y su expansión en el espacio expositivo. Su obra nace del cuestionamiento del soporte como plano bidimensional, interviniendo en su anverso y reverso para desplegar en el espacio sus múltiples caras y propiciando una relación interactiva con quien observa.

Son artistas que, desde la retaguardia, aportan nuevas respuestas ante las incertidumbres de un arte cada vez más banalizado y dependiente. Sus propuestas no solo contienen una reflexión sobre el “hecho artístico”, también contribuyen a generar y configurar una obra que se aleja de la norma y de los estereotipos. Valoro mucho las palabras de Isidoro Valcárcel cuando se refiere al sometimiento de ciertos artistas al contexto en el que habitan, desvirtuando la riqueza y la grandeza de la creación. Cuando los engranajes que sostienen “la cultura” apoyan un “tipo de arte” que da respuesta a los intereses de las instituciones que los amparan, el/la artista pasa de aportar a mendigar. “Me resisto a combatir directamente a los políticos sin combatir a los autores y gestores que se han subido al carro”, dice Valcárcel.

Pensar en un arte nuevo a partir de la experiencia del confinamiento puede ser una utopía, pero un arte contra la norma es necesario, aportaciones plásticas nuevas que, desde su autenticidad, contribuyan a hacernos mejores, más reflexivos, sirviendo como bálsamo reparador. Si la capacidad de crear es distintivo de la naturaleza humana, mi reconocimiento para aquellas personas que no han renunciado a ella, porque desde ese valor que han sabido cultivar urgen, ahora más que nunca, sus necesarias aportaciones.


Santiago Martínez
 es profesor de Historia del Arte
saguazo@yahoo.es