Fotograma de “La vida de bohemia” de Aki Kaurismäki

En cuanto me despierto, busco a tientas mi teléfono, pongo el podcast de El larguero y me levanto de un salto para evitar quedarme sentado en el borde de la cama. Ninguna alegría le llega a quien se sienta en el borde de la cama recién salido del sueño y permanece ahí, con las manos cruzadas, los codos en los muslos y la vista en algún punto concreto entre el suelo y la pared. Son cosas que aprendes por ti mismo, con el tiempo. De pronto reparo en que me caen mal casi todos los colaboradores del programa. No por lo que dicen, ni por la intención con la que dicen lo que dicen. Me caen mal porque sus opiniones se apoyan más en el rol que les han asignado que en su propio punto de vista. No se puede hablar de las vidas de los inquilinos de un edificio contando lo que pasa tras una sola de sus ventanas. ¿Por qué los escucho entonces? Porque donde oigo otra voz deja de hablar mi pensamiento.
*
¿La parálisis prolonga la perplejidad o la escenifica?
*
“Si cierro los ojos veo tu cara y no estoy contigo / Si me esfuerzo y me concentro puedo oír tu voz diciendo / “Quién mejor que tú.” Lou Reed.
*
Acababa de sentarme en el banco de la parada del autobús cuando una señora muy elegante se acercó hasta mí y me preguntó si estaba esperando el bus que llevaba a la Fresneda. No, le dije, yo sólo estoy aquí descansando.
*
Ojalá mi última imagen sea la imagen de un oasis. Su visión me permitiría desaparecer recordando que la función natural del espejismo es completar con nosotros otra cosa.
*
Como el escarmiento basé en el exceso mi mensaje.
*
“Estilo. La palabra peor usada después de amor.” Sidney Lumet.
*
Tras la muerte del escritor quién es el hombre que aún vive.
*
Nunca me importó cuál fuera el juego siempre y cuando pudiese jugar con mis propias cartas. Y hoy por primera vez siento que son precisamente mis cartas las que me apartan no sólo ya de la victoria sino del juego en sí.
*
Acurrucarse: Acción que proporciona una suavidad hecha de ángulos, de formas improvisadas de presión. La respuesta del cuerpo a la hostilidad, su manera de ofrecerse a sí mismo a cambio del cese de la violencia. Visto desde arriba, la representación de la inevitable soledad del ser humano, su profecía.
*
Dejo Vida fácil de Tourneur, una de esas miniaturas exquisitas cuyos destellos sujetan el armazón que suele ser la trama y la tragedia se anuncia en voz baja, sin estridencias. Me levanto. Bebo directamente del grifo y con la ayuda del agua hago pasar un par de pastillas idénticas. El hundimiento es la pujanza de lo otro. Me pregunto si este dolor continuo se debe a la succión o a la irradiación mediante la cual eso que llamamos espíritu intenta dejar atrás la carne condenada. Duele: cuanto arde lo hace en mi nombre.
*
Vivo frente al sitio en el que por primera vez fui abandonado, el sitio en el que desde entonces me sentí completamente solo, el sitio en el que la falta de compañía era para mí una bendición. El que fue mi colegio es ahora el Colegio de Arquitectos y por tanto mi primera visión del mundo debería traerme consigo un sentimiento de pérdida, de algo propio siendo reemplazado por algo extraño, pero no lo hace.
*
Finalmente he optado por depositar mis esperanzas allí donde nada valga mi voluntad. Esto podría verse como otra manera de rendirme. O de encomendarme a una fuerza mayor, lo que también es un poco rendirse.
*
Nunca sé qué hacer hasta que el agua empieza a hervir.
*
Tienes que dormir por la noche, comer, porque te estás matando. Marta.
*
No echo en falta la disciplina pero sí los beneficios que la disciplina traía consigo, aquella tensión tan dulce que mantenía las cosas actuando unas sobre otras, como si lo tangible debiera estar bien dispuesto para sujetar lo otro, lo que no se ve, lo que no tiene nombre ni forma y nos define.
*
Tal es tu deterioro que has terminado viviendo como un animal: ajeno a las paradojas, sujeto a otras premuras.
*
“Al morir deberíamos enamorarnos.” El ángel exterminador. Luis Buñuel.
*
Lo que no sé es si me siento como me veo o me veo como me siento, dije y me quedé mirando al frente, consciente de la teatralidad de mi gesto y consciente también de cuánto necesitaba que alguien me relevara y llevase la conversación a cualquier otro lado.
*
Me gustan cada vez más las historias que hablan de cosas que nada tienen que ver con mi experiencia cotidiana porque me obligan a llenar la distancia que me separa de todo con lo que, olvidado o no, aún guardo en mi interior, lo único de lo que dispongo realmente y que más próximo puede estar a mí.
*
Fraseo: Acción acompañada de la sensación de estar sosteniendo algo invisible en el aire.
*
Con mi móvil en una mano y las entradas en la otra, mi ahijada buscó nuestros asientos en la sala del cine. Ya sentados, le pregunté por el curso que acababa de empezar y ella me dijo que bien, que lo que pasaba es que al volver de las vacaciones siempre se le olvidaba dividir. Me dijo también que lo que más le gustaba del mundo eran los animales, que de mayor quería trabajar en el Seprona, que era la policía de la naturaleza, que cuando le dijo a su abuela que de mayor quería trabajar en el Seprona, su abuela la llamó sindicalista y le dijo que si trabajaba en eso no entraba en su casa. Le pregunté qué tal el atletismo y dijo que bien, pero tenían que ir lunes, miércoles y viernes dos horas cada día, que les querían mandar a casa agotados, que las vallas estaban muy altas para ella que era tan pequeña. La película empezó y entonces callamos. En el momento en el que el padre se hundía en la ría y el hijo intentaba rescatarlo sin éxito tendiéndole el brazo, mi ahijada preguntó por qué se hundía si tenía que flotar. En voz muy baja le dije que se lo explicaba luego y ella dijo vale. Una vez acabada la película, cuando ya se habían encendido las luces, le pregunté si en el colegio habían estudiado las metáforas. Ella dijo que le parecía que sí. Le pregunté qué eran y ella dijo que no se acordaba. Reí. Ella no. Le dije que una metáfora consistía en hablar de una cosa para hablar de otra, más importante. Las perlas de su boca, le dije, ¿a qué me estoy refiriendo en realidad cuando digo las perlas? Mi ahijada dijo que no lo sabía. Le pregunté qué había en la boca que pudiera parecerse a las perlas. ¿Los dientes?, preguntó sin convicción. Eso es, le dije. Y también que en la pantalla habíamos visto a alguien hundiéndose en las profundidades de la ría pero también se nos mostraba cómo se hundía en las profundidades de su mente, en la locura. Le pregunté si lo había entendido y ella dijo que sí con la cabeza. Entonces, le dije, cuando en el cole te pregunten qué es una metáfora, ¿qué les vas a decir? Algo que es a la vez verdad y mentira, dijo ella.
*
Solemnidad: lo opuesto a la trascendencia.
*
Sentado todavía en el banco, me entrego a las imágenes, visiones si, de una forma u otra, además de reflejarme, me incluyen y me devuelven una acción, una escena, una emoción que exija ser continuamente dramatizada. Un recuerdo es una imagen que vibra, algo mítico debido a su carácter inconcluso, una oportunidad para la autopsia. Del que mira y no de lo que ve.
*
«Llega un momento en que el cuerpo no te acompaña. (…) Los futbolistas somos viejos dos veces en la vida, ¿no ? Una cuando toca dejar el fútbol y la otra ahora.” Jorge Valdano.
*
Partimos en busca de la luz. Y en busca del calor regresamos.
*
Yo: Me desperté a la una de la mañana.
Mi madre: Y luego ya a vagar.

Chus Fernández es escritor