Hace muchos años, en un reportaje de televisión sobre la bossa nova, descubrí, porque un músico al que entrevistaban lo explicaba, e insistía bastante en ello, que la canción “Desafinado”, una de las primeras del género, tenía una broma interna que consistía en que había un par de compases que estaban desafinados. Aquel hombre, con su camisa abierta y su barba frente al mar, tocaba los acordes en la guitarra y se partía de risa. La cuestión es que a mí aquello me sonaba afinado de cojones, así que risa, lo que se dice risa, no me hacía. Y si me llamó la atención fue porque yo tuve un profesor de guitarra al que le encantaba la bossa nova, y yo conocía algunas de aquellas canciones, e incluso era capaz de tocarlas de manera rudimentaria. Ese día descubrí la diferencia entre saber hacer algo y poder entenderlo, ya que aunque era capaz de tocar “Desafinado”, era incapaz de “pillar” la broma, es decir, era incapaz de explicarle a nadie dónde estaba el desafinado de “Desafinado”, ya que, creo que es necesario volver a repetirlo, a mí la canción me sonaba afinadísima de arriba abajo.

Seguramente mi profesor de guitarra (se llamaba Manolo, por si os lo estabais preguntando) habría sido capaz de explicármelo, pero hacía tiempo que había perdido contacto con él. De manera que la pregunta de por qué “Desafinado” desafina, y en dónde, quedó en suspenso hasta tiempos recientes, en los que, gracias a internet, pude reunir algo más de información. Para empezar descubrí que la música había sido escrita por Tom Jobim y Milton Mendoça, dos pianistas curtidos en las boites de Río de Janeiro; y que la letra era una respuesta a los críticos que decían que los músicos de bossa nova desafinaban. Aquí hay que explicar dos cosas: primero, que es verdad que algunos músicos de aquella primera generación desafinaban, ya que eran amateurs, jóvenes con poca experiencia que tenían que enfrentarse a melodías complejas frente a un público hostil; segundo, y este es el meollo del asunto, que los compositores de bossa nova (el más importante, el propio Jobim), estaban muy influenciados por músicos de jazz estadounidenses que habían incorporado a su vocabulario armonías provenientes de las vanguardias históricas (por citar un nombre, la escuela impresionista de Debussy). Es decir, utilizaban armonías nuevas, que a oídos de las viejas generaciones podían sonar desafinadas, pero que tras el éxito mundial del género se han convertido en algo “normal”.

Sin embargo, la pregunta que yo me hacía al principio seguía sin estar respondida, porque los autores sí que tuvieron la intención de hacer un chiste, tanto con la letra (“Cuando dices que desafino, me causas un gran dolor, porque los desafinados también tenemos corazón”) como con la música, ya que, si hemos de creer a aquel señor con barba que no tenía ningún motivo para engañarnos, en la canción hay un par de compases desafinados. ¿¡Cuáles, por amor de dios!? ¡¡Llevamos años con esta mierda!!

Por más que buscaba, no lograba encontrar información al respecto, hasta que entrando en foros de flipaos de la armonía, encontré la respuesta. Aquí la cosa se pone un poco técnica, pero intentaré explicarlo de la manera más sencilla posible. Para empezar, diré que el desafinado de “Desafinado” está nada más empezar la canción, donde hay un acorde de sol mayor en lugar de sol menor, que es el que correspondería a la tonalidad de la canción (fa mayor). Además, la melodía da un do sostenido sobre la palabra “amor” (“Se você disser que eu desafino, amor”), otra nota extraña a la tonalidad de fa. ¿De dónde salen ese acorde mayor y esa nota extraña? El acorde de sol mayor es un “sustituto” de do mayor, que sí que pertenece a la tonalidad de fa, y cuyo uso de esta manera está “copiado” de la canción “Take the A Train” de Duke Ellington. Por otro lado, el do sostenido de “amor” corresponde a una nota “blue” de la escala de blues (la nota blue no existe en la escala occidental, es una nota intermedia que se obtiene tocando dos notas a la vez o estirando un poco la cuerda). Lo esencial del asunto es poder tocar una escala menor sobre un acorde mayor, que es lo que le da el toque “blues” o “jazz”, y que desde el canon armónico clásico resulta “desafinado”.

Hay un montón de versiones de esta canción, pero la canónica es la de João Gilberto, el inventor del ritmo en la guitarra de la bossa nova (la “batida”) y que además tenía oído absoluto, es decir, era incapaz de desafinar ni queriendo.

Francisco Nixon es músico
@francisconixon