Te vas,
como cada mañana,
y justo en ese momento,
cuando cierro la puerta,
ya te estoy echando de menos.
Hay parejas que necesitan aire:
para respirar,
para tomar un poco de distancia.
No somos esa clase de parejas.
Me gusta trabajar,
escribir,
y saber que estás en
la habitación de al lado.
En ese silencio,
siento tu respiración.
Saber que estás ahí,
a escasos metros,
me sirve para aliviar
el miedo.
El miedo al dolor,
a la muerte,
a la enfermedad,
a la miseria.
A la imagen de mi madre
en la cama de un hospital.
A las heridas
de mi hermana.
A esa llamada de teléfono
en mitad de la noche.
A esa red en la que,
a veces,
me siento atrapado
contra mi propia voluntad.
Siento tu respiración,
una y otra vez,
y la dichosa red se convierte
en una suave tela
sobre la que se juntan
nuestros cuerpos.
Desnudos, impacientes,
ajenos a la furia
que, como lobo hambriento,
no se cansa de rugir
al otro lado de
esa puerta,
de esta especie de refugio
que pronto hará diez años
que hemos creado.

Ovidio Parades es escritor
@ovidioparades