Portada del "Benji" de Sun Kill Moon

53.
Ninguno de los cronistas que le precedieron volvió al centro. Algo mejor habrán encontrado. O tal vez les esperase en la llanura algo, previsto o no, que les terminó por derrotar. Un paisaje en crecimiento y sin espesura tan duro que no admite la cercanía ni la profundidad, una palabra que da lugar al alfabeto y no al contrario, la expresión del mundo cuando ya no puede uno expresarse, eso es lo que nuestro héroe encontró en el camino, siempre y cuando una extensión que carece de márgenes merezca el nombre de camino.

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54.
Maldice el cronista la línea recta y sólo pide ya una falla, una bifurcación, un desvío. Daría por buena la encrucijada si a cambio se le ofreciese la posibilidad de contemplar en el horizonte un contorno cualquiera. En la transparencia encuentra al fin su forma perfecta el fantasma. No estaba preparado para esta claridad. A ver quién lo está. Pedalea. Camina. Pedalea. Camina. Pedalea. Camina. Esta luz le somete. El polvo en sus pulmones, en sus alas inmóviles y rígidas como algunas podredumbres, culmina la ocupación sin que el sistema haya encontrado de qué servirse para expulsar al invasor, al vacío mundo incorporado, y recuperar así el orden y armonía anteriores. La sed es un navajazo; el dolor una onda que en su interior se multiplica. Pese a todo, pese al asedio, el cronista sigue adelante y, desechados ya los cálculos, descarga el peso de lo que en él no es su cuerpo sobre el manillar, anticipándose, es decir, habituándose, a lo terrible. Podría volver y contarles a todos lo que esperaban oír, que había algo más, y que había sido él quien lo había encontrado. Le exigirían pruebas, que les guiara hasta su descubrimiento, hasta su salvación. Pero el problema no era ese, no era eso lo que le disuadía, para qué repetir dos veces más el calvario, en nombre de quién.

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55.
A cambio de un límite, le fue arrebatado lo único en verdad sagrado para el explorador: una frontera, su posibilidad. Pese a ello, ahí lo tenemos, en marcha. Qué decir de su afán, de su insistencia. Su empeño es en realidad su única opción. Lo contrario, la renuncia, sería una traición injustificable. Así lo siente. No hay en este entorno una sola cosa con la que sentirse de acuerdo y asociarse, es todo. Tal es la distancia que le separa de cualquier forma imaginada que lo más grande en su pensamiento se hace cada vez más pequeño mientras su borde se vuelve hacia dentro como nuestra figura en la vejez. El espejismo es en realidad una imagen que, completada al fin por nuestro anhelo más profundo, desaparece dejándonos sin eso que tanto necesitamos y que ahora, además de no tener, hemos perdido.

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56.
A veces cree que la única respuesta válida a la retirada de la noche sería la rotación inversa del mundo, pero cómo puede permitirse soñar con invertir el curso del mundo quien al mirar sobre su hombro comprueba perplejo que ni siquiera ha sido capaz de trazar una línea recta. Benditas huellas donde nuestra vida cabe entera. Qué va a ser de los que quedaron, como especie, como pueblo, como algo. Hicieron del presente su ideal. Y todo ideal, en esencia, está destinado a destruirse a sí mismo, a argumentar en su propia contra. No sabéis lo que os espera, piensa como si dijese, nuestro héroe. La soledad no te permite ser humilde: te obliga a construirlo todo, el mundo, los otros, a partir de tu propia medida.

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57.
¿Qué nombre darle a la exploración que aspira al logro pero no al hallazgo cuando el hallazgo es, como todos sabemos, el sueño de cualquier explorador? Porque deben llegar a tener la apariencia de un hecho sólo en los cuentos las acciones se encadenan y colaboran unas con otras. No así en la crónica, donde simplemente se suceden, sin más. ¿Cuando no pasa nada es uno mismo lo que está pasando?, en ese caso, ¿es ahora su experiencia de ser, este estar simplemente siendo, lo que debe registrar? Quién sabe. Esta saturación de la nada va a terminar con él. Abocado a una vida sin afecto, sin ternura ni esmeros, maldice la cábala, la sombra inagotable, la intuición multiplicada, el calor que no termina, esta forma inaudita de presión: el rencor, aquello en lo que se transforma el coraje al descubrirse insuficiente. Cuando la diferencia entre dar otro paso o no darlo tiene lugar sólo dentro de uno, llama todo a la inmovilidad y la inmovilidad, porque cosas no somos, al derrumbe.

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58.
Languidecen las imágenes en el pensamiento cuando se confirman inalcanzables las réplicas. Ardió el músculo en su desintegración pero tal vez al hacerlo no cuestionaba el esfuerzo sino la senda. El desierto se estrechó e hizo del cronista un círculo, ya casi un punto, un territorio en busca de su propio centro. Demos por buena esta descripción del acorralado: es más y más lo que le superaba. Si al menos la zozobra hubiese precedido al hundimiento. Nunca movió al nómada su voluntad de irse sino su necesidad de establecerse.

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59.
Eran lo que eran, hombres y mujeres trabajando, dejando atrás su recién concluida jornada, pensando en alguien. No sabían qué había pasado, sabían lo que estaba pasando a medida que pasaba, que no dejaba de pasar. Se había producido el gran cambio y ellos estaban allí, en el centro, para extender sus consecuencias. Hubo un movimiento como de las entrañas seguido de un apagón y el silencio fue todo. La gente soñaba con irse a otro planeta o bajo tierra, lo que en cierta manera no deja de significar lo mismo, que el suelo, lo que a todos nos sostiene, ya no les servía. Begoña, la de la Fnac, insistía en que el agua de la tierra venía de los cometas. Roberto, el de Samsung, dijo que no, que últimamente se había descartado esa teoría, que lo había visto en un documental, que ahora se creía que era de los asteroides de donde procedía, tengo insomnio, ya sabéis, añadió en una ocasión intentando así darle validez a la teoría de otros mediante un matiz personal, no se imaginaba que todos los que se encontraban allí, sentados en el suelo, escuchándoles, estaban dispuestos a defender tanto la teoría de uno como la de otro, a creerse cualquier cosa que les permitiera decirse, a solas, mientras corrían y patinaban por las galerías o subían la cremallera de sus sacos, que también aquello tendría fin, que en algún momento la vida ya no consistiría simplemente en seguir viviendo.

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60.
En la llanura, en este frente sin intervalo, en esta realidad sin términos que es tu vida ahora, confía más que nunca en tu voz porque sólo confiamos realmente en aquello de lo que dependemos. Di más. Y luego di menos. Reemplaza cada cosa que añores en el paisaje por una palabra. Haz con ellas una frase. Y luego otra. A estas alturas los nombres no importan. Pero sí las palabras. Elígelas bien. Lo que digas de las cosas será lo que las cosas digan de ti. Ojalá estuvieran a tu alcance la fluidez indiferente de los peces, la dispersión hermosa del humo, la hondura sin igual de la agonía, las innumerables formas que tiene la lluvia de avanzar una vez completado su trayecto, los recursos ajenos cuyo propio desconocimiento conjura la expectativa. Pero no lo están. Por tanto, piensa como se abre la rosa a pesar de las tijeras, como le damos de comer a los pájaros: compartiendo el pan y pendientes de otro apetito además del nuestro.

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Chus Fernández es escritor