FOTO: PABLO ROCES ALBALÁ

¿Para qué sirve el dibujo?, repitió él pensativamente.
En realidad, estaba preguntando: ¿Para qué sirve el Arte?
Y yo ni me atrevía ni podía explicarlo.
«Los escolares y el arte», Lev Tolstói

¿Qué ocurre cuando los árboles no dejan ver el bosque? Esta frase proverbial del refranero español se dice cuando alguien no puede ver un asunto o una situación en su conjunto porque está prestando atención a los detalles. Hoy en día, más que prestar atención a los detalles, quien no puede ver el bosque es porque no presta atención a nada. O, mejor dicho, porque presta atención a todo y a nada. También puede ocurrir que los detalles que acaparan su interés sean insustanciales porque la contaminación visual del momento es tan potente que lo inunda todo saturando nuestras retinas y disminuyendo nuestro nivel de concentración. Lo que se moviliza ante nuestros ojos es un universo de superabundacia, de inflación estética, sostienen Gilles Lipovetsky y Jean Serroy. ¿Cómo ver entonces la profundidad del bosque? ¿Cómo apartar la maleza para llegar a lo importante, a lo esencial? Federico Granell y su séquito de acompañantes se encargan de iluminar el camino.

Hay dos maneras de visitar una exposición. Se puede acudir con el mero objetivo de decir “yo estuve allí” o directamente no decir nada, pero colgar un selfie en redes sociales. Mejor todavía, se puede publicar una story en Instagram que desaparezca a las 24 horas. Porque los tiempos que corren no son compatibles con la demora contemplativa, con el detenimiento, con el hecho de posar (o hacer reposar) la mirada y evadirse del mundo ni siquiera unos escasos minutos. Aquí entraría en juego la segunda manera de visitar una exposición que consistiría en asistir por el placer de ver las obras y de disfrutar de la pintura. En este sentido, hay una voluntad de conocimiento que se traduce en un deseo personal de saber más, de crecer intelectualmente y, en definitiva, de alcanzar mayor autonomía y libertad. La curiositas es el motor de esta opción regida por la qualitas y no por la quantitas.

En el ensayo La utilidad de lo inútil Nuccio Ordine aboga por la utilidad de aquellos saberes cuyo valor esencial es del todo ajeno a cualquier finalidad utilitarista alejada de la lógica del beneficio y cuya importancia reside en ejercer un papel fundamental en el cultivo del espíritu. En el universo del utilitarismo resulta cada vez más difícil entender para qué pueden servir la música, la literatura o el arte, sostiene, y recurre a una cita de Eugène Ionesco para insistir en el abismo hacia el que se ve abocada una sociedad extraviada por el canto de las sirenas del interés económico exclusivamente orientado a la producción y al consumo: Si no se comprende la utilidad de lo inútil, la inutilidad de lo útil, no se comprende el arte. Y un país donde no se comprende el arte es un país de esclavos o de robots, un país de gente desdichada, de gente que no ríe ni sonríe, un país sin espíritu. La calidad de vida no solamente está vinculada al retorno monetizable de todo aquello que realizamos. Las artes y las humanidades son fundamentales para la salud de la sociedad, para el desarrollo de la imaginación, para evitar la atrofia del pensamiento crítico. El cultivo de lo superfluo es una forma de resistencia.

¿Qué es necesario, entonces, para iluminar un bosque? La figura del Ermitaño del Tarot está representada por un anciano encorvado que alumbra con una especie de linterna o farol un bosque oscuro. Es una efigie que refleja la experiencia, el conocimiento, la sabiduría, la meditación en solitario, el silencio y el avance espiritual alejado del mundo material. Es un portador de luz que enfoca el camino de la vida a través de la introspección y de la reflexión interior. Ninguno de estos valores cotiza en bolsa. En la actualidad son una especie de ornamentos inútiles, pero Federico Granell ha decidido que su bosque sea iluminado por una comitiva de artistas que representan aquellas inquietudes que van más allá de lo estrictamente comercial y cuyo hacer es fruto del esfuerzo individual y la pasión. Partiendo del recuerdo de Georges La Tour, en estas obras la luz no procede de ninguna fuente externa sino interna, generalmente de una vela que contribuye a reforzar la teatralidad de las escenas y que es símbolo de la curiositas, así como de la esperanza depositada en la utilidad de lo inútil clamada por Ordine. Lo más útil es lo inútil. Pero experienciar lo inútil es lo más difícil para el ser humano actual, sentenció Heiddeger y, para facilitar el camino, los protagonistas de los cuadros de Granell iluminan el bosque sin ánimo de lucro.

«Para iluminar un bosque», Federico Granell
Centro de Cultura Antiguo Instituto, Sala 1
C/ Jovellanos 21, Gijón
Hasta el 15 de noviembre de 2020


Natalia Alonso Arduengo
 es crítica de arte y comisaria independiente