La voz, más que los temas, le proporciona tal continuidad al libro que los relatos acaban revelándose como parte de algo unitario, superior a la suma de todos ellos. ¿Y qué es la voz?, ¿qué hace de un escritor un autor? Lo reconocible, sea cuál sea la historia, sea cuál sea el estilo. La voz es la reacción del espíritu ante la derrota, su respuesta.

Una escritura austera pero no severa. El autor es consciente de sus fortalezas pero a la hora de dejarse llevar no desatiende las demandas del texto. Madurez: el escritor y lo escrito aprendieron a cuidarse recíprocamente, a ser útil el uno para el otro. Para comprender el proceso hay que amar el proceso, sentirlo además de pensarlo.

Compromiso, sí, pero con su punto de vista. El autor no se entrega a un barroquismo autocomplaciente ni compromete su estilo con obligadas pretensiones de claridad. En la escritura renunciar es lo contrario de hacer concesiones.

Hacía mucho que no me encontraba a alguien con una fe tan poderosa en la ficción, me refiero a esa clase de fe tan propia del punk, cuando el mensaje es el hecho de estar haciendo lo que haces y sólo va dirigido a ti mismo. Entusiasmo: La sensación de no estar ya esforzándote, que sólo tienes que seguir y puedes seguir.

Un escritor singular, pues todo autor lo es, hecho, entre otras muchas cosas de múltiples lecturas. Hay rasgos, afinidades, gestos comunes: la humanidad cósmica de Denis Johnson, sus llamaradas irrastreables. La relación única de DeLillo con el lenguaje, su excavación solitaria en busca de un significado siempre esquivo y renovado, el desglose, la íntima clasificación de cada cosa. La felicidad fabuladora de Borges. La brazada colosal de Foster Wallace, su lucidez exacerbada, implacable consigo mismo y piadosa con los demás. Loriga y Tavares y la frase que sólo brota durante la tristeza más profunda, en la ebullición de la inteligencia. Carver y su manera de cargar de emoción los objetos, proporcionándoles un sentido nuevo: en la ficción las emociones y los sentimientos se describen indirectamente. La narración forense de Cormac McCarthy como contrapunto y lanzadera de la abstracción. Y también: La sensorialidad: la aceleración de los sentidos implica la ralentización de lo percibido, como si el mundo que vemos claudicase ante nuestra mirada. Mientras tanto el tiempo, se adapta, da de sí, sigue intentando convencernos de su inexistencia. Las enumeraciones. Los gerundios, es decir, la percepción: las acciones, en su infinito estar ejecutándose, son ahora la circunstancia, lo que le impide al tiempo seguir su curso. La técnica al servicio del talento. El talento siempre en busca de algo que justifique la lucha. La importancia de escribir bien, que vendría a decir DFW, porque escribir bien es lo mismo para todos aunque no siempre sea lo mismo para uno.

Chus Fernández es escritor