"Eloísa está debajo de un almendro" de Enrique Jardiel Poncela. Versión de Ramón Paso dirigida por Mariano de Paco Serrano

La nueva programación semestral del Teatro Jovellanos empieza con el verano gijonés. El fin de semana pasado no sólo fue el cierre de Metrópoli y el despegue de la XXX edición de la Semana Negra, sino también el inicio de otra nueva temporada de teatro, danza y música en el coliseo de la ciudad.

El nuevo semestre teatral lo abrió uno de los nombres propios que más suenan en el panorama teatral asturiano, Sergio Gayol, completo hombre de teatro que actúa, divulga, dirige y produce, responsable de la compañía asturiana Teatro del Cuervo, y actual presidente de la Asociación de Compañías de Teatro Profesional de Asturias (ACPTA), que, poco a poco y con mucho trabajo e ilusión, está logrando romper con la maldición de que nadie es profeta en su tierra (y menos en estas lides del arte).

Después de haber ganado el Premio «Jovellanos de Teatro» en 2016 con El sueño de una noche de verano, propuesta que se ha podido disfrutar en los principales teatros de la región y en circuitos nacionales en la última temporada, y habiéndolo visto también dar vida al clásico Lázaro de Tormes en el montaje Anónimo, llega ahora al Jovellanos con su equipo del Teatro del Cuervo, en coproducción con La Estampa Teatro, como director de La vida secreta de mamá, una comedia familiar de trasfondo serio. El contexto actual de un matrimonio por fin independizado de su hijos, que ya viven fuera del nido familiar, y la necesidad de reinventarse de todos, los hijos en sus nuevas e incipientes vidas, y los padres, y especialmente la madre, al despedirse de una vida volcada en la crianza y el cuidado del prójimo, sirven para mostrar la facilidad del ser humano para caer en la mentira y en la apariencia, abonadas por los miedos y la comodidad, incluso en el escenario de esperada confianza mutua que debiera ser la familia, y para observar el desgaste del mantenimiento de esas farsas y la inexorable necesidad final de la verdad.

La protagonista de todo el entramado es en este caso el personaje de la madre, interpretada por Concha Rodríguez, autora también del texto, una mujer que ha vivido subyugada a un patriarcado de falsedades compartidas, que gobierna desde los complejos y la falta de arrestos para afrontar situaciones, que luego abonan los constructos de ficción en los que vive el matrimonio, mentiras que ella defiende como propias y que ambos ofrecen como verdades a sus hijos, que crecen en ellas y ayudarán a desarrollar las suyas propias. Por una peripecia argumental, y como consecuencia de uno de esos engaños del marido, María del Carmen se ve obligada a ser un personaje a ojos de sus hijos que, aunque en principio nada tiene que ver con ella, le hace vivir en la ficción otras posibilidades que la mueven a la acción: a avanzar, a coger las riendas de su vida y a tomar sus propias decisiones. Cuando la madre cuenta su verdad hace saltar por los aíres todas las mentiras ocultas por cada miembro de la familia, sabidas, consabidas o no sabidas.

«Rinconete y Cortadillo». Compañía Sexpeare

 

Una obra digna, con un texto actual, con aciertos y fallos (como el personaje de la vidente, que a veces molesta más que ayuda), que aprovecha las nuevas formas de comunicación social como materia dramática y escénica, con unos actores entregados aunque desiguales, y con un trabajo en el espacio escénico más que reseñable, a cargo de Alejandro Hidalgo (otro clásico de la compañía y del quehacer teatral asturiano), que aunque resulte algo pequeño en las tablas del Jovellanos es desde luego un acierto y va por el buen camino para lograr un teatro de tirada nacional con los recursos menores de una coproducción regional. ¡Vaya por tanto la enhorabuena!

Sin tiempo para el descanso, el Teatro Jovellanos levantó el telón de nuevo el viernes y el sábado para disfrutar de otra comedia, más clásica en este caso, y conocida por la gran mayoría, Eloísa está debajo de un almendro, de Enrique Jardiel Poncela, una magnífica versión de Ramón Paso, dirigida por Mariano de Paco Serrano y sustentada por el director de arte Felype de Lima. Aunque la propuesta inicialmente pudo sorprender a un público que busca siempre en los textos históricos del teatro español puestas en escena también históricas, el montaje resulta en todo punto inteligente, acertado y delicioso. Respetuoso y cuidado en el texto; certero y mimoso en una dirección que se nota que toca la médula no sólo de esta obra sino del universo dramático de Jardiel Poncela; y actualizado con una escenografía, vestuario e iluminación, que ayudadas por el espacio sonoro de Carlo González, acertó en todo para subrayar el absurdo, el tono hilarante y el argumento negro de este peculiar texto y de su dramaturgo, al que de seguro le hubiese encantado esta propuesta.

El auditorio gijonés disfrutó de un montaje impecable, de gran calidad actoral y muy cuidado estéticamente, que hizo lucir un texto dramático ya de por sí maravilloso pero cuya compleja carpintería teatral supone siempre un reto escénico. Todos los elementos de la propuesta están perfectamente trabajados y engranados en una maquinaria teatral que busca revivir al mejor Jardiel Poncela y hacer disfrutar a los espectadores actuales del humor inteligente de esta comedia negra del teatro del absurdo español. El destino, la locura y el amor son temas universales que vertebran la obra; el misterio y la intriga sus ingredientes para mantener en suspensión el ánimo del público; los planteamientos disparatados, los personajes absurdos, las reacciones exageradas y las conductas inverosímiles son atractivos en un mundo gris como el nuestro en el que la ficción cómica debiera ser más que nunca una forma de rechazo a las convenciones preestablecidas que ya no parecen convencer a nadie.

«La vida secreta de mamá»

 

Para mí lo más destacado de la propuesta quizá sea lo más polémico para otros; el genial trabajo de Felype de Lima en la escenografía, funcional, original, contemporánea y fundamentalmente bella, y en el vestuario, sencillamente extraordinario, en tonos metalizados, que otorgan una aparente homogeneidad a todos los personajes, tan galácticos y de otro mundo, tan absurdos en definitiva, como cotidianos y humanos se muestran luego cada uno con sus diseños personalizados. El gris metalizado de los ropajes y de la estructura base del espacio escénico logran el tono general del montaje, una especie de blanco y negro, de clara impresión cinematográfica, muy apropiado para esta comedia, sólo roto por determinados objetos rojos de marcado carácter simbólico en la obra. Una auténtica gozada para los sentidos a la altura del placer estético que supone ver bien representado este texto clásico de Enrique Jardiel Poncela.

Hoy jueves, también en clave de humor, visita el Teatro Jovellanos otro clásico, pero en este caso del Siglo de Oro y de Cervantes, el Rinconete y Cortadillo de la compañía Sexpeare, que no es una adaptación teatral de la novela ejemplar del autor del Quijote sino una versión original de Alberto Conejero, basada en la obra de Cervantes, que juega a imaginar las vidas de estos dos personajes después del éxito de la novela ejemplar, un éxito de juventud del que nuca se pudieron recuperar. La actualidad de los textos de Cervantes y el carácter crítico de su obra inspiran a Conejero en su oportuna y afilada versión y a Salva Bolta en la dirección de un montaje que busca la conexión con los Monipodios, los Rinconetes y Cortadillos de nuestro mundo, y que, interpretado por Santiago Molero y Rulo Pardo, es otra muestra más de la clara apuesta de los programadores del Jovellanos por el humor y la crítica como piezas claves del inicio de esta nueva temporada y del verano teatral en Gijón.

Y si no echen un vistazo a lo que nos proponen para este sábado 15 de julio, Free Bach 212, una versión libre de la Bauernkantate BMW.212 de Johann Sebastian Bach, más conocida como la Cantata de los campesinos, espectáculo musical y teatral, que combina sin prejuicios ni barreras, diversas disciplinas y artes para conmover al espectador de hoy con una composición estrenada en 1742, que sorprende por su vigencia actual, y que lleva la firma de La Fura dels Baus, con dirección y guion de Miki Espuma y David Cid, y de Divina Mysteria, proyecto dedicado a la investigación e interpretación de la música antigua con criterios históricos desde 2002, y cuyos nombres propios son el violinista Pavel Amilcar y el gambista Thor Jorgen, encargados de la dirección musical de esta propuesta junto con Miki Espuma. De seguro una de las grandes citas de este verano para los que gusten del riesgo y buen hacer en el arte.

«Free Bach 212». La Fura dels Baus

 

Rosana Llanos López es profesora, especialista en teatro
rllanoslopez@hotmail.com