Arvid y Turid viven en Oslo. Su matrimonio dura quince años. Tienen tres hijas. Un día, ella, Turid, siente que ha dejado de querer a su marido, Arvid. Y se divorcian. Un año después, una mañana de domingo, septiembre de 1992, muy temprano aún, Arvid recibe una llamada de su ex mujer. Se siente algo perdida, no sabe muy bien dónde se encuentra, le pide ayuda. Por las pistas que le da, Arvid pueda adivinar el lugar desde el que le llama. Y coge el coche y va a buscarla. Así empieza la historia que Per Petterson (Oslo, 1952) narra en ‘Hombres en mi situación’ (Libros del Asteroide). Esos quince años de convivencia y su posterior derrumbe. Y el largo camino que supuso para él ese año de separación. Petterson recorre minuciosamente los estados de ánimo por los que atravesó durante esos meses, por los que aún está atravesando. Los recuerda bien. Cada noche es la misma noche y, a la vez, una noche distinta que sirve para remarcar idéntico fracaso. La fragilidad, el desamparo, el frío. La búsqueda desesperada de bares, copas, besos furtivos, soledades compartidas (o no), bocas de hielo, bocas de fuego, lenguas metálicas, noches interminables, siempre hay tiempo para la última cerveza, cuerpos que se acoplan por interés, el infierno de algunas madrugadas. La huida. Las mañanas de resaca. La supervivencia económica y emocional. La sensación de que ya casi nada importa. El peligro de estar vivo en esas circunstancias. Qué bien describe el escritor noruego todas esas sensaciones. La belleza que habita en lo vulnerable, en las pieles ateridas, en el corazón de un hombre que siente que ha perdido por completo los pasos por los que encauzar de nuevo su vida (¿quién conoce en esos momentos los pasos a seguir?). Aquella intimidad de la que también nos habló Hanif Kureishi en su espléndido y terrible libro. Y luego, la misma y desoladora historia convertida en película.

Y de repente, esa llamada. Un misterio. Una incógnita. Arvid se dirige a ese lugar donde está su ex mujer, una vuelta al pasado (quién sabe), un paso adelante (tampoco se sabe), aún desconoce lo que le aguarda, y vuelve a recordar. La melancolía no desaparece por la voz de una llamada telefónica. Hay años que parecen siglos (hay días y meses que también lo parecen) y peajes que tardan mucho tiempo en pagarse. Hay bosques de los que uno regresa convertido en otra persona. Y Arvid lo sabe, y nos lo cuenta, pensando, tal vez, que algún día el orden pueda restablecerse en su vida. Ya se verá cómo evolucionan las heridas y los acontecimientos. De momento, esa voz, esa llamada, en medio de la fragilidad.

Petterson -como ya hiciese en ‘Salir a robar caballos’, ‘A Siberia’ y la también extraordinaria ‘Yo maldigo el río del tiempo’- se adentra con sensibilidad, pulso firme y palabra precisa en las complejidades y contradicciones del ser humano. Conociendo a la perfección todos los resquicios y recovecos que se hallan en esos terrenos tan delicados, oscuros, obscenos, pantanosos.

Ovidio Parades es escritor
@ovidioparades