Fotograma de "Tres hombres malos".

El cine que fue, el cine que es y el que pudo ser. Laboral Cineteca afronta un semestre decisivo para consolidar su posición como pantalla de referencia, y lo hace con una sugerente programación que combina lo local y lo universal, en un diálogo constante y diverso, pero siempre pertinente.

Dentro de la sección “Historia(s) del cine”, se proyectan dos clásicos incombustibles como son La gran ilusión (Jean Renoir, 1937) y Alemania, año cero (Roberto Rossellini, 1948), además de un filme poco conocido de John Ford: Tres hombres malos (1926), western silente que anticipa ciertos aspectos de su filme Tres padrinos (1948) y en el que la personalidad del cineasta se percibe ya en plenitud. Pero además de esta terna, dentro de la sección “BS(O) en vivo” se incluye otra película imprescindible dentro de la Historia del Cine con mayúsculas: Fausto (F.W. Murnau, 1926).

La selección del filme de Murnau es relevante por varios motivos. El primero, por ser una muestra más de la revaloración que la película ha experimentado en los últimos años, lo que incluso ha propiciado su reposición en diversos ciclos por toda Asturias. De hecho, la experiencia de Laboral Cineteca cuenta con un notable antecedente en la iglesia parroquial de Pola de Siero, donde en julio de 2014 se proyectó el filme con música en directo a cargo del organista Juan de la Rubia. Pero la proyección de Laboral, fijada para el 9 de diciembre, cuenta además con el aliciente de que la partitura, que será interpretada por la OSPA, es la realizada por el compositor Jesús Torres, que se estrenó en el Teatro de la Zarzuela en 2009. Como aliciente añadido, el propio Torres mantendrá un encuentro con el público antes de la proyección.

En la sección “Estaciones”, Laboral Cineteca propone un heterogéneo recorrido por el cine contemporáneo que arranca con lo último de Jonás Trueba, La Reconquista, e incluye entre sus propuestas más interesantes Gracias, jefe, de François Ruffin y Notfilm, de Ross Lipman.

Mas el plato fuerte de la programación de este semestre es, sin duda, el ciclo “Carta blanca: panorama del documental asturiano (2000-2015)”, incluido en la sección “Encuentros”. Coordinado por Ramón Lluís Bande, Luis Argeo y Marcos M. Merino, el ciclo propone un recorrido cronológico que se inicia el 27 de octubre con Los Victorero (Gonzalo Tapia, 2003) y culmina, ya en abril y mayo de 2017, con sendos trabajos de los tres programadores: Remine. El último movimiento obrero (Marcos M. Merino, 2014), Un legado de humo (Luis Argeo y James Fernández, 2015) y Equí y n’otru tiempu (Ramón Lluís Bande, 2014).

Más allá de la necesaria reivindicación de un cine con raíces asturianas, el ciclo permite afrontar otros debates quizás más pertinentes. Entre ellos, el análisis del auge del documental reivindicativo en la primera década de este siglo, una vertiente de la que son buenas muestras Resistencia (Lucinda Torre, 2006), que se recupera diez años después de su controvertido estreno en Gijón, y El Astillero. Disculpen las molestias (Alejandro Zapico, 2007), y que apuntaron a la posibilidad frustrada de consolidar una corriente propia. Pero también el papel de catalizador que jugó, en estos quince años, el Festival de Cine de Gijón, una función también truncada como constata el que los trabajos de Merino y Bande se estrenasen (y además con premio) en otro festival. Laboral Cineteca, por cierto, suspende su programación durante la celebración del gran certamen cinematográfico de Asturias.

Christian Franco es historiador de cine
cfrancotorre@gmail.com