1 drop 1000 years. Martin Messier / FOTO: L.E.V.

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Naves  en llamas electrónicas más allá del Centro de Arte. Miré rayos-C brillar en la oscuridad cerca del escenario del Teatro de La Laboral. Podrían ser frases que salieran de la boca de Roy Batty, el androide  de Blade Runner interpretado por Rutger Hauer. Pero no fue así, todos esos momentos  del L.E.V. 2024 no se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia, un fenómeno natural que se  manifestó en los espacios donde se realizó la XIX edición del Laboratorio de Electrónica Visual.

Los primeros recuerdos nos trasladan al Teatro de Laboral que acogió el estreno mundial de CRISPR the pattern of life, del colectivo Bromo. Emulando a Eldon Tyrell, fundador y jefe corporativo de Tyrell Corporation, responsable del diseño, fabricación y venta de  replicantes,  Paloma Peñarrubia y Azael Ferre  lanzaron un acercamiento y reflexión en torno a uno de los avances más emocionantes en la historia de la biotecnología: los sistemas CRISPR de modificación del ADN. Y lo hicieron a través de una voz “mutante” que iba describiendo un viaje musical y visual cargado de significados y mensajes, de paisajes imposibles. de imágenes generativas. El público fue invitado a entrar  en el universo de la biología sintética y la filosofía de la evolución con la  muestra de algunas  aplicaciones y límites éticos que plantea esta tecnología. Los dos artistas combinaron sonidos contundentes con pasajes emocionantes y abstractos, conformando una amalgama de texturas orgánicas y conceptos sonoros. Quedará para el recuerdo el bloque centrado en la germinación y crecimiento de setas.

Un rápido descanso para repostar, también bajo la lluvia, llevó de nuevo la acción al escenario. Había ganas de ver la  nueva propuesta del artista canadiense Martín Messier, que lleva más de 15 años creando performances e instalaciones que combinan robótica, luz, sonido y vídeo. Conocido por el público veterano del Festival, que recordaba sus actuaciones anteriores en Gijón como las de Eco Chamber, la propuesta de este año fue  1 drop 1000 years, basado en un proceso fundamental para el equilibrio de la vida: la homeostasis, fenómeno que permite que un organismo mantenga la temperatura adecuada, aplicada en este caso a las corrientes oceánicas. Y esta teoría la llevó a la práctica con la presencia de la lluvia a través de  alta tecnología, lograda mediante el uso de mapas sobre corrientes de agua controladas. Y vaya si cayó agua en el escenario. Su brillante e impresionante actuación de luz y sonido terminó siendo una celebración de la vitalidad del agua y una advertencia sobre los cambios climáticos que están frenando esta autorregulación planetaria.

La arquitectura es  protagonista en la  ambientación de Blade Runner y lo hace envuelta en un halo de tristeza y melancolía marcado por la lluvia ácida. Esos escenarios replican los grandes edificios levantados en el primer tercio del siglo XX en Estados Unidos.  Un recorrido que coincide con el que Riccardo Giovinetto  hace  en torno al arte del Renacimiento.  Artista visual y multimedia, físico y profesor universitario, explora en FEMINA la idea de la virtud y la mirada que la define durante el Renacimiento a través del viaje imaginario de una inteligencia artificial. En su propuesta seleccionó y mezcló ecos de madrigales polifónicos con la  composición de  su música electrónica original, mientras aparecían en la pantalla muestras de pinturas renacentistas que se iban transformando en un flujo de imágenes que mutaban constantemente al interactuar con el sonido.

Pris es la replicante que, desde su primera aparición en la película, se mueve en un entorno vertiginoso y cinético gracias a la interpretación de Daryl Hannah.  Vertiginosa fue la actuación de Aïsha Devi,  productora y vocalista suizo-nepalesa que llegó al L.E.V. como cabeza de cartel para presentar Death is Home su último y esperado álbum. Salió al escenario con la única compañía de sendas líneas de luz que aportaban una presencia física y fluida a su música hecha con cerebro y corazón. Con una estética atemporal, fue forjando ritmos industriales cercanos a los años 80, con mucho bajo con ritmos de sintetizador que se deslizaban sobre una  melodía perforadora y silbante. Y ese armazón sonoro se hermanaba con su personal e inusual estilo de canto primario, recordando el canto armónico de la tradición nepalí. Todos esos elementos se subieron a una montaña rusa virtual que subía con fervor épico y descendía como un veloz meteoro.

 

La ubicación del set de la mañana del sábado en el Pueblo de Asturias ayudó a que el Nuberu, dios del trueno y la lluvia, se mostrara condescendiente, dando una  pequeña tregua al L.E.V. Eso y el techo del Tendayu permitieron disfrutar de la primera sesión a la una de la tarde. Si la música de Vangelis es determinante en Blade Runner, Kessell&Kerqus ofrecieron un viaje a través de intrincados paisajes sónicos, con una mezcla perfecta de sonidos orgánicos y sintéticos. Los dos artistas asturianos unieron fuerzas para ofrecer un selecto set conformado por ambient, dub y experimental, creando una experiencia relajante, acorde con el espacio. La energía llegó de la mano de Cachito Turulo, alias de Ernesto Avelino, 50% de Fasenuova. El largo año de presentaciones en directo de su primer disco en solitario se notó desde el principio porque el mierense desplegó  un contundente sonido futurista y sórdido, heredero del footwork y del drill, emparentado con los sonidos electrónicos más vanguardistas. Sus canciones narran historias callejeras que fue desgranando mientras lanzaba ritmos frenéticos y sintetizadores abrasivos. Su sudorosa actuación hizo que el público se sumara a su energía  festiva y salvaje. La compositora, percusionista y artista multidisciplinar RRUCCULLA, tomó el testigo, presentando las canciones de su último disco, Zeru Freq  y algún material inédito.  Y lo hizo de dos maneras, primero manejando todo las piezas que tenía sobre la mesa y luego tocando la batería. Doble vía para explorar una fascinante, compleja y precisa estructura electroacústica que parece recrearse y reinventarse en cada nuevo loop, trazando texturas hiperrealistas y formas abstractas. Dengue Dengue Dengue es un dúo de bass tropical, pero a Gijón solo llegó uno. Como estaba oculto bajo su habitual máscara, queda la duda de saber si era Felipe Salmón o Rafael Pereira, los dos productores, djs y diseñadores gráficos, cuya obra explora los ritmos de Perú y de otras partes del mundo. Era evidente que el público tenías ganas de fiesta y movimiento, así que no pararon de bailar  cumbia psicodélica, dub, salsa, footwork, tribal y techno, ingredientes con los que el dj creó un sonido y experiencia visual única mezclando lo nuevo y lo viejo, lo analógico y lo digital. Fantástica fiesta, que diría Raffaela.

Y después del tsunami llegaría el aparente reposo en la sesión del Teatro de La Laboral.  En una escena de Blade Runner, Rick Deckard, el  cazador de recompensas interpretado por Harrison Ford se obsesiona con una fotografía de Rachel, la secretaria de dirección de Tyrell y no para de ampliar  y manipular su imagen. Eso es lo que hizo  Noémi Büchi, la compositora y artista sonora sueco-francesa. La pantalla del teatro jugaba con la imagen de una mujer que bien podría haber sido Sean Young. El rostro se iba yuxtaponendo con texturas de sintetizador analógico de múltiples capas, sonidos cristalinos y ruidos casi brutalistas. Ese despliegue de estructuras compositivas evocaba por momentos a canciones pop, a los recuerdos musicales implantados en la memoria de Rachel. El set giró en torno a su álbum debut Does It Still Matter y capturó la tensión entre el crecimiento y la decadencia, la consonancia y la disonancia. Maximalismo electrónico imprevisible que finalizó con la propia catarsis de Büchi.

Visto lo visto, Myriam Bleau y  Nien Tzu Weng podrían ser replicantes como Pris y Zhora en Blade Runner. Myriam es una compositora que crea performances de música electrónica gestual y Nien-Tzu es una artista de danza interdisciplinaria y diseñadora de iluminación. Las artistas se han unido para poner en escena Second Self, una performance que  utiliza interfaces audiovisuales, piezas de vídeo e instalaciones que articulan sonido, luz, movimiento e imágenes. A través de diferentes escenas, exploraron el símbolo del espejo, las dinámicas sociales y el mito de Narciso y Eco. Y lo hicieron llevando sobre su cuerpo pantallas táctiles LED, que funcionaban como pequeñas prótesis que interactuaban con  los elementos sonoros y visuales de la performance. Un excelente estreno mundial gracias a la apuesta e intuición del equipo directivo del LEV.

El oragami o papiroflexia es un arte que consiste en el plegado de papel para obtener figuras de formas variadas, muchas de las cuales podrían considerarse como esculturas de papel. Gaff, el oscuro policía que controlaba a Deckard, era todo un experto en ese arte y en todas sus intervenciones en Blade Runner tiene una figura en la mano, como el unicornio que determina el devenir de la historia. Elías Merino y Tadej Droljc hicieron una buena práctica de papiroflexia sonora y visual con su proyecto SYNSPECIES. Los dos artistas presentaron en estreno mundial Asbu, una performance audiovisual desplegando una narrativa audiovisual ficticia y simbólica sobre la génesis del universo que se origina a partir del sonido algorítmico generado por ordenador y a través de elementos geométricos. Los artistas  fueron  explorando  conceptos como la ficción especulativa, lo extraño, las supersticiones, una visión particular del ciberespacio, lo sublime, las visiones oníricas y los mitos.

La presencia replicante se bajó de la nave sonora en ese momento, pero todavía quedaban pendientes las actuaciones nocturnas en la Nave del Centro de Arte y los dos conciertos del domingo en el Jardín Botánico, bajo la persistente lluvia, como no.


Jose Antonio Vega
es colaborador de laEscena
@joseanvega64