La noche del viernes 21 de octubre la Sala Club del Niemeyer dio la bienvenida a Taal Tantra, grupo musical liderado por el conocido percusionista indio, Tanmoy Bose. Tras la exitosa representación de la obra de teatro Kijote Kathakali en la programación estival del Niemeyer, la India vuelve a Avilés en esta ocasión en forma de música, gracias al convenio de colaboración que el Centro Niemeyer y la Casa de la India suscribieron en julio de 2016 con el objetivo de realizar actividades culturales conjuntas. Y en el caso concreto de la actuación musical, los esfuerzos compartidos se deben a Caixa Forum Barcelona, la Universidad de León, el Centro Niemeyer y el Círculo de Bellas Artes, esfuerzos de los pequeños que se suman para hacer cosas grandes, como el «Taal Tantra Tour», cinco conciertos de esta banda en España y una masterclass en la Casa de la India de Valladolid. Ya han tocado el 16 de octubre en Caixa Forum en Barcelona y el 18 en el Teatro Albéitar en León; este viernes 21 lo hicieron en el Centro Niemeyer de Avilés, el domingo 23 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y el martes 25 en la Casa de la Cultura de San Bartolomé de Tirajana, en Canarias.

Anunciados como una de las bandas de música más importantes del mundo que experimenta con jazz, música clásica india, folk y tambores indígenas, en este caso han optado por un repertorio más tradicional, en el que se prescinde de las colaboraciones de las guitarras o el saxo, de otros conciertos, para centrar la atención en lo más propio: el bansuri o flauta hindú (uno de los instrumentos más antiguos y característicos de la India, hecha de bambú y compuesta por siete agujeros), la tabla (instrumento de percusión más popular en el norte de la India, que consiste en dos tambores de madera y metal cubiertos por una piel, tocado cada uno con una mano) y el mridangam (también instrumento de percusión, pero en este caso el más popular del sur de la India, con forma de barril y gran peso, hecho a partir del vaciado de un tronco y varias capas de piel en cada uno de sus extremos). Por esta razón, su líder, considerado uno de los mejores tablistas del mundo, se ha convertido también en uno de los embajadores musicales y culturales de la India a nivel internacional. El concierto no está pensado sólo para que el público disfrute con la música, sino también para que aprenda con ella.

Un entregado Tanmoy Bose se afana en explicar cada tema y en acercar todo su universo, musical y cultural, a los espectadores asturianos. Insistirá durante el concierto en los ragas, escalas melódicas de la música tradicional hindú, sobre las que luego cada músico improvisa libremente; su relación con el mundo de la religión, al encontrarse en los libros sagrados más antiguos de la India y ser parte fundamental de los conocimientos transmitidos por los dioses a los sabios o «rishis»; y la gran cantidad de tipos que existen de ragas, su relación con el sonido de la naturaleza y de la propia vida, y con las emociones básicas del ser humano, como por ejemplo la tristeza o la alegría. El repertorio se configura así como un paseo por algunos de los ragas de la música india. Y la verdad es que la mezcla funciona. Al virtuosismo de los músicos que forman Taal Tantra, Tanmoy Bose (tabla), B.C. Manjunath (mridangam), Akkas Ali Khan (voz), Subir Ray (flauta), Ratul Shankar Ghost (percusión) y Rohan Roy (violín), se suma esa voluntad de compartir lo propio con el otro y de mostrar al mundo que la música india es uno de los sistemas musicales más antiguos y uno de los que mejor llega a esa parte espiritual del ser humano.

 

Pero no hubo sólo prodesse, también delectare. Y del bueno. Del que te hace sentir afortunado por ser uno de los espectadores que están viviendo ese momento único y al mismo tiempo lamentar que una actuación así no la goce más gente. Los sentidos del público se dejaron atrapar desde el primer momento por el exotismo y disfrutaron durante todo el concierto del cromatismo del vestuario y de las luces a juego de la sala; de los sonidos especiales de instrumentos como los referidos y de la genialidad de los músicos que los tocaban; del diálogo entre el Norte y el Sur de la India a través de la conversación, a veces, o sana competición, otras, de sus dos instrumentos más populares, la tabla o el mridangam; de la originalidad e intensidad de los solos de la flauta o el violín, y de cada instrumento; del especial colorido de esta música y de la profundidad de sus raíces ancestrales; de la complicidad en el escenario entre los músicos, que tocan también con sus rostros y su cuerpo; disfrutamos con la aparición, a modo de Krishna, de un cantante atípico, que con la voz nos trasladó tristeza, y con sus saltos y bailes desenfadados, alegría; o del número de percusión vocal entre Tanmoy Bose y B. C. Manjunath, beat boxing indio de máxima calidad, improvisado sobre una misma línea, que despertó la admiración absoluta del público por su originalidad, belleza y complejidad.

Y nos asombramos ante la dificultad de mantener la afinación con la flauta, tan delicada al depender de la presión y mantenimiento del soplido, del ángulo de apoyo y la afinación del oído; nos asombramos del dominio de la tabla y cómo se puede llegar a tocar con tanta rapidez sin perder la claridad del sonido; y lo mismo con el mridangam, del que se dice que puede llevar años hacer simplemente que suene, cuánto más hacerlo sonar de ese modo; nos asombramos con los falsos finales de los temas, que se apagan para comenzar de nuevo, pasando del sonido más sutil y delicado a la intensidad más desbordante; nos asombramos ante la relación que existe entre algunas de sus manifestaciones y algunos palos del flamenco, u otras manifestaciones musicales occidentales; y nos asombramos cuando nos descubrimos participando con ellos, marcando el ritmo con las manos y emulando sus mismos movimientos, primero de manera discreta, y en silencio, y al final del concierto ya en abierta colaboración sonora.

Viendo el virtuosismo y la entrega de los músicos de Taal Tantra, cuyo nombre significa «sadhana», adorar a través del ritmo, y las caras relajadas y felices del público allí congregado, bien podríamos pensar, en efecto, que esta música es un saber de los dioses cedido a los humanos, o un arte que con su lenguaje propio conecta la humanidad que reside en todo ser humano, acercando culturas y pueblos, y ayudando, en definitiva, a comunicarnos. Todo un placer para los sentidos y sobre todo para el espíritu, que por aquí solemos tenerlo más adormilado.

Rosana Llanos López es profesora
rllanoslopez@hotmail.com