Desde hace varios años sigo con interés la evolución de Marta Fermín (Oviedo, 1973); formada en la Escuela de Arte de Oviedo, su trayectoria, tanto en el ámbito de la creación como en la gestión cultural, es ejemplar y siempre enriquecedora. Ligada al mundo de la obra gráfica, ha participado en ferias y certámenes nacionales e internacionales, destacando, por su difusión y trascendencia, el evento Olimpic fine art organizado en el Barbican Centre de Londres en 2012, donde cosechó un extraordinario éxito con su obra “Geografía de la emoción”.

Marta Fermín no deja de sorprendernos en cada muestra. Así ocurre con la actual exposición “Orgánico Sentido” en la galería Amaga de Avilés en la que nos hace palpar la presencia física de la naturaleza. A ello contribuye una imbricada técnica en la que lápices y tintas se entremezclan creando formas orgánicas contenedoras de vida, germinadoras de color y materia que dialogan entre sí y nos invitan a participar de un discurso en el que, sin alejarse de su estilo personal, incorpora lenguajes que hablan del desgaste y el deterioro, mundos en los que la erosión natural y la huella del tiempo son los protagonistas.

La reflexión ante una de sus obras nos lleva a terrenos poco frecuentes en el mundo del arte, normalmente preocupado por atrapar el momento. Aquí, el tiempo late dentro de la obra, la mancha convive con hojas de loza blanca que se arrugan y retuercen en la superficie de los lienzos. Marta Fermín consigue tejer un discurso que, irrumpe en las paredes y, como removidas por un soplo de viento fresco que las quisiera devolver a la vida, se expande y nos envuelve superando las fronteras de lo meramente orgánico, impregnándolo todo de naturaleza.

Esta conexión con lo natural ya se vislumbró en el proyecto “Psychotic Game Graph” que presentó en el campo de San Francisco de Oviedo durante la Noche Blanca de 2014, incorporando lágrimas de vidrio, espejos y sonido ambiental procedentes de la propia naturaleza; también en la poética serie “Ártico” que presenta ese mismo año en Art Madrid, en la que ya estaban presentes elementos orgánicos que sorprendentemente sintonizan con las técnicas gráficas y pictóricas que la artista domina a la perfección.


En “Orgánico Sentido” conviven formatos y técnicas diversas, hay obras que funcionan como dípticos o trípticos y en las que intuimos una secuenciación temporal, una cadencia que transmite estaciones o ciclos vitales. Todo parece germinar en la mancha que se va expandiendo en la superficie del lienzo, se desplaza y desarrolla en sí misma. La potencia germinadora de la mancha nos remite a organismos naturales difíciles de identificar pero que están cerca de nosotros o, incluyo, en nosotros mismos.

Dominan los colores apagados, superficies craqueladas y desgastadas que hablan del paso del tiempo pero también, de la pervivencia y de la energía, siempre latente, en la naturaleza y en el ser humano. Las emociones de la artista están aquí, las ha trasferido a esa materia pictórica, espesa y opaca, alguna vez de sutil transparencia. Todo parece perdurable y efímero a un tiempo, y lo epidérmico parece trascender hasta las más recónditas profundidades del ser humano. Marta Fermín nos recuerda que la obra de arte es uno de los últimos refugios para la supervivencia, uno de los pocos nexos de unión entre el ser humano y el auténtico sentido de la vida, y que los lazos que nos unen con la naturaleza, son frágiles y quebradizos, a pesar de ser y formar parte de ella.

Marta Fermín. «Orgánico Sentido»
Amaga, Galería de Arte
C/ José Manuel Pedregal, 4, bajo, Avilés
17 de marzo/18 de abril
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Santiago Martínez es profesor de Historia del Arte
saguazo@yahoo.es