Vanessa Kirby en un fotograma de la película "Fragmentos de una mujer" de Kornél Mundruczó

Silvia me manda una fotografía en blanco y negro que tendrá más de cuarenta y cinco años. Mi amiga y yo estamos sentados en unos columpios, en el jardín trasero de algún bar, sin balancearnos. Detrás de nosotros hay un pequeño muro pintado de blanco que separa este jardín del siguiente. Al otro lado de ese muro, hay unos cuantos árboles y un tobogán. Si hay un tobogán, tiene que haber una piscina, pienso. Y si hay una piscina, tiene que haber un nadador. Un nadador que se parezca a Burt Lancaster. O a John Cheever, quién sabe. Un nadador que recorra todas las piscinas de la zona, aunque no aparezca en la fotografía. Puede que sea primavera o puede que sea verano. Llevamos ropas ligeras. Atardece. Ella me mira a mí, y yo miro al suelo, bien agarrado a la cadena que sujeta al columpio, temeroso quizá de caerme en cualquier momento. No creo que haya cumplido aún cuatro años. Mis pies no llegan al suelo. Silvia me saca unos meses y, agarrada con menos fuerza a la cadena de su columpio, parece indicarme que no tenga miedo, que no pasa nada. Hay dulzura en su mirada, pero también cierto desafío. Tal vez nuestros padres nos han prohibido subirnos a los columpios sin su presencia. Tal vez estamos actuando por nuestra cuenta, a última hora de la tarde, mientras ellos toman una copa en el bar. La última copa antes de la retirada.

¿Quién nos ha hecho la fotografía? ¿Su padre, el mío? ¿Mi madre, la suya? Puede que después de todo no estemos desobedeciendo a nadie. Puede que la aventura empiece y termine ahí. Y el único misterio sea el futuro que nos espera. Ese misterio que se ha ido desvelando de la misma forma que ahora lo hace el vértigo.

“Tengo que cerrar los ojos. El álbum de fotos se ha cansado de mirarme tal como soy ahora”. ‘Cuaderno de Choisy’. Miguel Ángel Arcas.

La cultura es la única manera que conozco, a día de hoy, para huir de un panorama cada vez más asfixiante y desolador.

Huir.
Escapar.
Viajar.

Una idea me acecha estos días de manera constante: el cierre definitivo de los únicos cines que quedan en la ciudad. Ese aislamiento me aterroriza. El principio de no sé qué fin. Un tiempo para el que tampoco estoy preparado.

“Ahora mismo todo es estupor, y el estupor paraliza”. Eloy Sánchez Rosillo.

Y el poeta también dice: “La melancolía no es tristeza, es como una lenta meditación de la alegría, una intimidad.”

Vanessa Kirby quita de la nevera las fotografías del hombre con el que ha compartido los últimos años. El padre de su hija. El parto se prolonga durante la primera media hora de ‘Fragmentos de una mujer’, de Kornél Mundruczó. Una media hora angustiosa, desasosegante. Luego, el dolor, la grieta, el vacío. Vanessa Kirby quita de la nevera esas fotografías, fuma a la ventana, acaricia la nieve. Se enfrenta a su madre (poderosa Ellen Burstyn) y es en esos momentos de enfrentamiento cuando se olvida de que el dolor la ha convertido en una mujer de hielo.

“El estupor paraliza”.

Una manzana sigue oxidándose encima de la mesa.

Ovidio Parades es escritor
@ovidioparades