FOTO: ALBERTO RODRIGÁLVA

Qué difícil es, a veces, dar con la clave; pero cuando se tiene claro qué hay que contar y cómo, y se es capaz de plasmar en una idea el discurso danzado sobre algo concreto (o sea, en escritura + pensamiento, algo nada fácil), el resultado es una obra, una verdadera pieza de creación. Y eso, exactamente, es el Averno de la compañía andaluza Marcat Dance, que inauguró, el primer sábado de este mes de octubre, la XXIII edición del Festival de Artes del Movimiento Danza Xixón 2023, cita por excelencia con el contemporáneo, en singular y en plural, en el Principado de Asturias. El festival –y no muestra, como ahora se llama– se extenderá, junto a otras actividades, hasta el próximo 28 de octubre, con una de las últimas representaciones, la de Sonoma de La Veronal, de la mano de Marcos Morau, incondicionales de la programación del festival asturiano.

Los de Marcat Dance de gira con su Averno, tras el estreno absoluto del pasado 12 de julio en Sevilla, en el Teatro Romano, dentro de la programación de la cuadragésimo segunda edición del Festival de Itálica de Danza, que este año estrenaba espacio con la puesta de largo del emblemático Cortijo de Cuarto, llegaron al norte más norte para dar calor, energía en estado puro; algo que consiguieron con creces.

Los jienenses, bajo la tutela de Mario Bermúdez Gil y de la enorme bailarina norteamericana Catherine Coury, a la sazón directora de ensayos y cofundadora de la compañía junto a Bermúdez Gil, hicieron que el Jovellanos se convirtiera durante poco más de una hora en auténtico tránsito febril para habitar un inframundo ultracalórico, situado arriba, no abajo. Averno, para Marcat Dance, no es una obra que se haga o lleve abajo; más bien lo contrario, nos lleva arriba, muy arriba, y casi casi en sentido espiral. Y eso que en todo momento podemos situarnos, desde fuera, en el núcleo de la tierra, un palíndromo dancístico-estético, cuando menos interesante. Averno, es, entre otras cosas –alguna de las cuales trataremos de explicar aquí–, mucho más que una subida de temperatura.

Pero analicemos, siquiera grosso modo, esa subida a los infiernos, que en todo momento es deleite de pura danza contemporánea, argón por excelencia de eso llamado obra de autor, y que en la pieza cobra la destreza suficiente como para trasladar al patio de butacas una idea tan precisa como manifiesta de qué es, qué hay y cómo se vive en el infierno. (Y no parece que se viva mal; eso sí, te vas deformando mientras te formas. O lo que es lo mismo: a aprender se aprende desaprendiendo.)

Tomando como punto de partida los viajes iniciáticos y una parte de la riquísima simbología de la Divina Comedia dantesca, los andaluces ofrecen una propuesta de alcance en la que el combate con uno mismo es vigoroso, pleno de lo que significa cuestionarse constantemente y hacer de eso un modus vivendi. No en vano el dossier de la obra dice: “El artista inicia este viaje para encontrar su verdadera esencia”. Desde aquí y para la dialéctica contemporánea de la pieza, o sea, la danza en su conjunto, que se encuentre esa esencia o no es lo de menos; lo que nos muestra la obra va mucho más allá, pues el estímulo radica en el discurrir de los danzantes siempre hacia delante, hacia cierta transfiguración, a semejanza de las hazañas en verso de las que habla el texto medieval.

Si Dante en cierto modo confiere a su poema una capacidad trashumante –dicho sea esto en el sentido más exacto posible de la significación de trashumancia, es decir, el hecho de recorrer un camino–, los jienenses llevan esa trashumancia al extremo de un devenir tan compacto como calórico, lleno de una energía tan adulta, constante y grande que se mueve entre lo irreverente y lo grosero. Es un aluvión de buena danza. Averno, acepción en castellano, es vocablo que procede directamente del latín (avernus), que significa contrario, y/o lo contrario complementario; y esa idea, de forma metafórica, también se plasma en la pieza, viniendo a proponer algo así como hacer un camino al contrario. Y si vamos de lo que nos es más nuestro hacia lo contrario, lo que nos encontramos es una fuente ingente de calor, inmersa en un movimiento de empuje-fuerza constante. Al rojo vivo, además. Vamos, un pasadón.

 

La estética de la danza en Averno. Cuerpo espasmódico de alto voltaje

Los integrantes de la compañía nos dan, a través de la coreografía, una lección de danza difícilmente trasladable a palabras. Podríamos decir que la obra reposa en los diferentes estados físicos y anímicos de los bailarines, más cuando opera en ellos (ineludiblemente) el combate a la contra al que aludíamos antes. Tanto es así, que la pieza va avanzando de tal forma que los cuerpos bailados y su fisicidad se van transformando, de manera que ese tránsito y su mutación son completamente permeables al espectador. Y no cesa nunca, no se puede dejar de mirar. Es imposible porque se perdería algún engranaje.

Los bailarines comienzan su andadura más o menos enteros y poco a poco, como si estuvieran subiendo, van cogiendo la calurosísima traza del camino emprendido, y asisten en primera persona a su transformación. Llega un momento en que se hacen amorfos, algo que trasladan como si lo que bailara fuese un fotograma de cine, como si viéramos literalmente cortar una cabeza y cómo se anda sin ella. Y qué bien está traducido eso al cuerpo, a la idea coreográfica, al fraseo sin que moleste y resulte feo. Y sin salirse de eso tan bailadísimo que es, en el fondo, la buena danza contemporánea, van contando cómo es el acontecer del camino que, en cada etapa (la acción de la dramaturgia), empuja hacia la deformidad de un cuerpo que cada vez nos pasma más. Porque subir viajando al infierno no solo tiene de aprendizajes, tiene también de estéticas móviles, un abecedario externo que en los de Bermúdez Gil se da en cantidad: rotura de ejes, agrupados, desagrupados, atmósferas escultóricas, ropajes, pausas respiradas, suelo, montones humanos o enfermedad física y mental. Todo ello termina dando en un cuerpo bailado muy metódico y mecanicista, de tal manera que uno ve, sin posibilidad de ver otra cosa, un cuerpo en guerra al milímetro y que no cesa: el combate y la pelea.

Excelsos son algunos momentos; en concreto, un fraseo-secuencia como estribillo, repetido en varios de los cuadros de la obra, donde, como si se tratara de alimentar a una bestia, el grupo reunido de bailarines, una masa en demi-plié y hacia delante, lleno de su propio orangutanismo, apalea el aire como si estuviéramos viendo el pormenorizado encaje de una línea de pistones en la cadencia incesante de su propio movimiento. Enormemente logrado ese fraseo, y lo más importante: enormemente locuaz: círculos concéntricos, penitentes incansables llenos de vida mientras sube la temperatura.

Así que en la butaca una no deja de preguntarse todo el rato por el fondo mecánico-animal de la coreografía, un rasgo, por así decir, con el que la música tiene mucho que ver, y en donde la atmósfera sonora está tan conseguida como rica crece en su elementariedad. La firma José Pablo Polo, habitual de las piezas de Marcat Dance, quien a veces nos remite a una especie de aullido o gemido, o bien a un profundo golpe que prospecta lo calórico en modo de fecunda repetición creciente, basculado entre el recurso sonoro y la novedad musical.

Era Sartre quien decía que para vivir en el infierno no hace falta ir a ningún sitio. Creer o no creer no es una cuestión, es un camino; aquel que nos saca de casa y nos lleva a los infiernos de este mundo (cada día hay más), mientras agotamos el tiempo para iniciar el decrecimiento, ese proceso, andadura, que equilibre algo más justamente nuestro mundo, tal como refleja la última imagen de la coreografía, que, de forma alegórica, a lo Dante, pone a caminar de la mano a los bailares con el cuerpo al aire en una especie de suelo entre nubes.

Vamos a insistir: los vídeos-resúmenes, imágenes y demás nunca dicen verdad. Obras como esta, como algunas otras, hay que verlas en vivo y después valorar. Y a ver para cuándo una coreografía de contemporáneo que apele al sentido de la responsabilidad (individual y colectiva) en una sociedad con la clínica y sintomatología de la actual. El infierno en vida ya nos lo han contado muy bien. 

Ficha artística y técnica:
Averno, 2023
Coreografía y dirección. (Fundador de Marcat Dance): Mario Bermúdez Gil
Directora de ensayos. (Fundadora de Marcat Dance): Catherine Coury
Bailarines: Mario Bermúdez, Catherine Coury, Marilisa Gallicchio, Javier de ls Asunción, Andrea Pérez, Eusse y Raúl Melcón
Composición y diseño musical: Jos Pablo Polo
Dramaturgia: Isabel Vázquez
Diseño de vestuario: Moisés Nieto
Diseño de iluminación: Mamen B. Gil
Diseño de producción técnica: Mamen B. Gil
Distribución: Danzas del Mundo
Management: Claudia Morgana
Duración: 70 minutos

Averno ha contado con el apoyo de la Junta de Andalucía (AAIICC), el Festival de Itálica de Danza y el Museo de la Universidad de Navarra.

Teatro Jovellanos, 7 de octubre de 2023, a las 20:30 horas. Gijón


Yolanda Vázquez
 es periodista especializada en danza
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