El lógico y matemático alemán Gottlob Frege escribió en 1892 un famoso texto titulado «Über Sinn und Bedeutung» («Sobre el sentido y la referencia») que no creo que le haya cambiado la vida a nadie, pero que solucionó algunos dilemas de esos a los que son aficionados los lógicos profesionales (por ejemplo, cómo es posible que las oraciones Gottlob Frege nació en Wismar y El autor de Über Sinn und Bedeutung nació en Wismar sean igualmente verdaderas, mientras que las oraciones Serge Geinsbourg cree que Gottlob Frege nació en Wismar y Serge Geinsbourg cree que el autor de Über Sinn und Bedeutung nació en Wismar puedan ser la una verdadera y la otra falsa). Nada de esto interesa gran cosa para lo que sigue, o interesa solo de manera retórica. El caso es que Gottlob Frege me vino a la mente porque quería escribir sobre Serge Gainsbourg, quien, entre tantas otras cosas, fue el primer francés que, hace exactamente cuarenta y cinco años, plantó su pie en el planeta reggae (en itálica, como manda DLE™), dando lugar a lo alguien llamó la música freggae (también en itálica, aunque en este caso porque DLE™ desconoce el término). Por redondear la evocación, diré que Gainsbourg no llegó a poner patas arriba el sentido de lo que seguimos llamando reggae, pero su apropiación del género tampoco fue del todo un sinsentido. Lo adoptó con cuidado y hasta con cierto purismo. Yo, sinceramente, tengo a Gainsbourg por un referente destacado del género, por muy chocante que esto sea para algunos (los discos de freggae, por ejemplo, están entre los menos valorados de la discografía de Gainsbourg en la enciclopedia musical online allmusic©).

Reconozco que la idea de un blanco europeo, francés para más señas, cantando reggae, más que a un lógico alemán, debería haberme hecho pensar en uno de esos empeñados japoneses que ponen toda la pasión en convertirse en cantaores o bailaores flamencos. Ninguno ha destacado lo suficiente hasta la fecha como para quitarle bizarría a la imagen (Wikipediacc dedica una bien documentada página a «Flamenco en Japón»). En todo caso, démosle tiempo al tiempo. Al fin y al cabo, el Bach Collegium Japan es hoy uno de los conjuntos orquestales y corales más reputados en la interpretación de la obra del inmortal músico alemán, por ejemplo. Y si lo han conseguido con el barroco musical, ¿por qué no también con el flamenco? ¿Y por qué no los franceses con el reggae jamaicano o hasta con la lógica alemana?

Serge Gainsbourg fue efectivamente el primero en grabar un disco de reggae completamente en francés. Y es bueno. No, muy bueno (diga lo que diga la allmusic©). Tan bueno, que uno podría pensar que fue el fruto de una larga afición y dedicación al género o de un intenso proceso de inmersión en el universo reggae en Jamaica. Ni una cosa ni la otra. Más aún, parece que ni siquiera la idea de componer y grabar el disco partió del propio Gainsbourg, sino de su director artístico, Philippe Lerichomme. Y la motivación no podría haber sido más espuria: la ambición de rematar la década de los setenta con un éxito semejante al que obtuvieron al finalizar la anterior con la genial «Je t’aime… moi non plus». El primer disco de freggae aportó algo nunca hecho hasta entonces, sí, pero fue hecho sin pretender aportar nada al reggae. Podría decirse que Lerichomme y Gainsbourg pusieron el reggae a trabajar para ellos, sin plantearse demasiado la marca que ellos pudieran imprimir y legar al reggae. Y así se concibió Aux armes et caetera, para cuya elaboración bastó poco más que una semana en Jamaica a finales de 1978. El disco estaba listo en marzo de 1979. Todo en tiempo récord o record (entiendo que DLE™, sub voce récord, sugiere que se acentúe o no según no vaya o vaya en itálica. ¡Vaya!). Con todo, insisto, Aux armes et caetera es un disco enormemente sólido.

Destaca, en primer lugar, como diría uno de esos cocineros televisivos, por la selecta materia prima local. En realidad, insuperable. Lerichomme, vía Chris Blackwell (Island Records), reclutó a los mejores instrumentistas del grupo The Revolutionaries (aka The Revolutionaires, como firmaron uno de sus discos inmediatamente después de la colaboración con Gainsbourg): Robbie Shakespeare, Sly Dunbar, Mao Chung, Ansell Collins, Tights Lyn, Dougie Bryan y Sticky Thompson. Seleccionó, además, el mejor grupo coral disponible, The I Threes: es decir, las jamaicanas Marcia Griffiths y Judy Mowatt y la cubana Alpharita Constantia Anderson, trío formado pocos años antes para acompañar a Bob Marley tras la desbandada de Peter Tosh y Bunny Wailer de The Wailers. Pero destaca, sobre todo, por el inigualable estilo vocal de Gainsbourg, que Robbie Shakespeare captó a la perfección en esta descripción: «No se puede decir que cantara. Más bien era como un poeta que recitaba poemas franceses por encima de los ritmos populares de la época» (referido en Sylvie Simons. Serge Gainsbourg. La biografía. Mondadori, 2007; pág. 160).

Claro que Gainsbourg no era el primero en recitar, más que cantar, reggae. Tenía buenos modelos en que inspirarse: por una parte, la tradición del parloteo (toast) de los deejays en los sound systems locales, registrada en muchos discos de dub, y, por otra parte, la de las exhortaciones de los dub poets (Oku Onuora, Mikey Smith, Mutabaruka, Linton Kwesi Johnson). Sin embargo, algo en la voz de Gainsbourg, mucho más que seguramente relacionado con el alcohol y el tabaco, lo hacía único en ese trasfondo. Tras un momento de incomprensión inicial, no tardó en hacerse evidente la concordancia entre el estilo recitativo de Gainsbourg y la crudeza del roots/dub de The Revolutionaries. Los músicos jamaicanos acabaron adorando la fórmula.

Aux armes… es un disco lleno de buenas canciones, originales algunas y versiones o, mejor dicho, recreaciones otras, tanto de piezas ajenas, como «Vieille canaille» (versión de «You rascal you» de Sam Theard), como propias, («Marilou reggae», que procede del álbum de 1976 L’homme à tête de chou, o «Javanaise remake», que se basa en la canción que interpretó y grabó en 1963 con Juliette Gréco). En todo caso, la pieza fuerte del disco es, sin duda, la recreación de «La Marsellesa», que da nombre al álbum, memorable por la simple genialidad de acomodar el solemne himno francés al más genuino formato reggae. También, justo es reconocerlo, por el fantástico acompañamiento coral de The I Three a lo largo de toda la pieza.

«Aux armes et caetera» causó un escándalo de considerables proporciones en Francia, que, de paso, la convirtió en un éxito de ventas. Gainsbourg fue acusado de ultraje antipatriótico, de anteponer sus intereses comerciales al debido respeto a los símbolos nacionales… En fin, de todo lo que uno pueda imaginarse. Supo responder con valentía, en algunos casos, y con agudeza, en otros. Durante la gira promocional del disco en Francia, en la que contó con el respaldo musical de The Revolutionaries, un concierto en Estrasburgo tuvo que ser suspendido por una seria amenaza de sabotaje: Gainsbourg, de todos modos, salió, solo, al escenario y entonó la versión original de «La Marsellesa», que concluyó acompañado por los soldados desplazados a la sala para darle protección. En 1981, Gainsbourg compró un manuscrito original del himno francés, firmado por Claude-Joseph Rouget de l’Isle, su autor, y demostró que su versión es incluso más fiel al original que la que se ha establecido tradicionalmente: los coros incluyen, en el manuscrito, el et caetera que tan deliciosamente entonan The I Three y que tan blasfemo sonó a algunos franceses. Gainsbourg declararía más tarde que pujar en aquella subasta casi le había llevado a la ruina. Pero lo dio por bueno, porque pudo dejar claro que nunca nadie más podría volver a acusarlo de apropiarse del himno nacional, oficialmente suyo.

Aunque consta en los créditos del disco, parece que Alpharita Constantia Anderson, la componente originaria de Cuba de The I Three, no completó su participación en las grabaciones. Se lo impidió su celoso esposo, que anteriormente había aparecido en el estudio de grabación con la intención de liquidar a Gainsbourg: Alpharita lo había acusado de intentar seducirla. Tenemos todas las razones para sospechar que fue así. Y los jamaicanos no se andan con miramientos. Por suerte, Gainsbourg encontró la protección de sus músicos, que consiguieron aplacar al marido celoso. Alpharita Constantia, por cierto, era más conocida como Rita Marley y su esposo era, claro, Bob.

Gainsbourg cerró su ciclo de música freggae en 1981, con el disco Mauvaises nouvelles des étoiles. No alcanza el nivel de Aux armes…, pero es una estupenda colección de música freggae, en la que el triángulo The Revolutionaries, Serge Gainsbourg y The I Three volvió a funcionar a la perfección. Rita Marley, por cierto, participó esta vez de principio a fin en el disco, tal vez porque 1981 fue el año de su ruptura definitiva con Bob. De todos modos, el disco no se grabó en Jamaica, sino en Bahamas. Quién sabe si para evitar intromisiones indeseadas en el estudio de grabación.

Serge Gainsbourg. 1979. Aux armes et caetera. Philips.
Serge Gainsbourg. 1981. Mauvaises nouvelles des étoiles. Philips.
Serge Gainsbourg. 2015. Aux armes et caetera (dubs). Mercury.

Guillermo Lorenzo
Dpto. Filología Española, Área de Lingüística General. Universidad de Oviedo